Decidieron pasar las fiestas de Navidad y de Año Nuevo lejos de sus hogares y de sus familias porque la batalla no ha terminado. Son centenares de médicos voluntarios de todo el territorio mexicano que se trasladaron a Ciudad de México para apoyar en sus desbordados hospitales.

«El 17 de diciembre se vislumbraba una situación crítica en la atención médica de la Ciudad de México por la falta de personal médico en los hospitales», rememora este domingo para Efe el doctor Edgar Jesús Zitle, llegado desde el norteño estado de Sonora.

Por ello, las autoridades pidieron ayuda al personal de los hospitales de la región y 42 sanitarios «levantaron la mano» para desplazarse de urgencia a 1.600 kilómetros de casa en plena temporada navideña.

UN LLAMADO DE APOYO

En total, 606 médicos y enfermeras del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) se han integrado desde finales de diciembre en hospitales capitalinos, un traslado bautizado con el épico nombre de Operación Chapultepec, en recuerdo al encuentro que mantuvieron las tropas revolucionarias mexicanas en la capital en 1914.

Esta vez no están los famosos caudillos Emiliano Zapata ni Pancho Villa, pero su encomienda no es menos epopéyica, pues Ciudad de México atraviesa su mayor crisis desde el inicio de la pandemia, con una escalofriante ocupación hospitalaria que roza el 90 %, lo que forzó al Gobierno local a cerrar toda la economía no esencial.

La capital del país concentra casi una cuarta parte de los 1,44 millones de casos de covid-19 registrados a nivel nacional, además de cerca de una de cada cinco de las 126.851 muertes.

Médicos generales, cardiólogos, anestesiólogos, personal de enfermería y de diferentes especialidades han sido repartidos para ampliar la capacidad de atención de los 90 hospitales que atienden a enfermos de covid-19.

Y no han encontrado una situación sencilla. «Evidentemente ya presenta mucha gente datos de agotamiento no solamente físico sino también emocional», comenta el doctor de Sonora, cuyo equipo tiene puesto un ojo en su tierra por si fuera necesario regresar de emergencia por un disparo de contagios.

LA ESPERANZA DE LA VACUNA

Los médicos mexicanos, sin embargo, comenzaron la semana pasada a vislumbrar una luz al final del oscuro túnel en el que la pandemia ha sumido a México, donde 1.700 trabajadores de la salud han muerto.

El 24 de diciembre, arrancó, todavía con pocas miles de dosis, la campaña de vacunación en Ciudad de México, que prioriza al personal de salud que atiende a enfermos de covid-19, incluidos algunos miembros de la Operación Chapultepec.

Entre los vacunados está Lidia Estela Carrillo, subjefa de enfermería de un hospital de Ciudad Juárez (Chihuahua), en la frontera con Estados Unidos, que en junio estuvo «al borde de la muerte» por covid-19 y que ahora ha tomado fuerzas para dar la batalla en la capital.

«Vivimos la misma experiencia en Ciudad Juárez, bendito Dios sobresalimos y vinimos (a la Ciudad de México) a luchar por México y por los compañeros que han caído por esta enfermedad», cuenta a Efe sobre su traslado a la capital.

Tras la inyección la invadió una «relajación muy fuerte» y dijo sentirse más «segura» para «combatir el virus con más confianza», aunque advirtió a los ciudadanos que todavía no es tiempo de «bajar la guardia».

No ha faltado la polémica en las vacunaciones, puesto que médicos residentes de varios hospitales han denunciado que los primeros en inmunizarse estaban siendo directores de centros médicos por delante de los trabajadores que están en la primera línea.

«Como directivos nosotros pasaremos a otro plano, por el momento estamos vacunando a los operativos», asegura a Efe el doctor Enrique Leobardo Ureña, alto responsable del Seguro Social en el sureño estado de Chiapas, que encabeza una delegación de 65 médicos chiapanecos llegados a la capital.

LAS FIESTAS EN UN HOTEL… O DE GUARDIA

La realidad de Chiapas, en la frontera sur, es muy diferente a la de Ciudad de México, pues es una de las pocas regiones en las que se ha decretado el semáforo epidemiológico verde, lo que significa un riesgo bajo de contagios.

El personal médico y de enfermería chiapaneco llegó para un período de 28 días, que podría alargarse un mes más si las cosas no mejoran, pero de momento están «con muy buen ánimo» y «muy dispuestos a contribuir».

Incluso después de haber pasado la Nochevieja y el Año Nuevo en un hotel, en el mejor de los casos, o de guardia en un hospital.

«Es una época que evoca mucha nostalgia y unidad familiar, pero nosotros, en el IMSS, somos como una familia y lo festejamos así, con la familia laboral, con la que pasamos más de ocho horas diarias», expresa.