Amnistía Internacional (AI) denunció este martes la precariedad laboral a la que se enfrenta el personal médico en Chile y sentenció que ha existido un «verdadero colapso» del sistema sanitario por la crisis de la COVID-19.

«Hay hospitales públicos que llegaron al colapso y el personal sanitario enfrentó situaciones muy dramáticas», relató a Efe Ana Piquer, directora ejecutiva de la ONG en Chile, que publicó esta jornada un informe que alerta sobre esta situación.

El estudio, que recopila testimonios de una veintena de trabajadores de la salud, señala que los sanitarios han enfrentado «jornadas extenuantes» de trabajo de 24 o incluso 48 horas seguidas sin días libres debido a la escasez de personal que generó el elevado número de contagios entre el personal de los hospitales.

Además, el personal sanitario ha trabajado en «condiciones inseguras con equipos de protección insuficientes, bajo hostigamiento por denunciar determinadas prácticas y con un nivel de estrés muy alto que se acrecentó en momentos de colapso de ciertos hospitales», según recalcó Piquer.

El documento indica que, según cifras del Ministerio de Salud, más de 17.000 trabajadores de hospitales y centro de atención médica se contagiaron de coronavirus, incluyendo técnicos, enfermeros, médicos cirujanos, auxiliares y administrativos.

Asimismo, indica que no existen cifras oficiales relativas a los fallecimientos de personal sanitario pero que según la información difundida por medios de comunicación y gremios del área alcanzaría a 26 hasta la fecha.

Para AI, es necesario atender a «las sobrecargas físicas y emocionales que este periodo está significando para el personal de la salud» y poder regular las jornadas de trabajo del personal sanitario para que estas no resulten excesivas.

COLAPSO DEL SISTEMA DE SALUD

El informe se muestra tajante en lo relativo al colapso del sistema de salud, mientras que las autoridades chilenas afirman que desde que se registró el primer caso el pasado mes de marzo, ha habido una disponibilidad permanente de ventiladores mecánicos y camas en las unidades de cuidados intensivos.

En junio, mes en el que se registró la cifra más alta de contagios diarios, alcanzando los 6.754 nuevos casos en 24 horas, la tasa de ocupación de camas hospitalarias se encontraba entre el 80 y 90 %, cifra que en agosto ronda el 30 % a nivel nacional.

Sin embargo, afirmó Piquer, la garantía de ventiladores y camas no se traduce en que las condiciones de los sanitarios sean adecuadas: «Si miramos las cifras globales el sistema respondió bien, pero esos números no reflejan la verdadera situación y las desigualdades entre el sistema público y privado».

La directiva de AI añadió que «los hospitales que colapsaron son los que atienden a sectores más populosos y de menores recursos» puesto que «las desigualdades de la sociedad chilena se han reproducido en el sistema de salud y agudizado debido a la pandemia».

El último informe epidemiológico oficial con desglose por barrios evidencia que la mayor cantidad de muertes por la COVID-19 se han producido en los barrios más precarizados de la capital chilena.

AUSENCIA DE PROTOCOLOS DE TESTEO PARA SANITARIOS

AI denunció también la ausencia de protocolos claros de testeo de coronavirus para los trabajadores de la salud y alertaron sobre el incumplimiento de las medidas básicas de resguardo como las cuarentenas de aquellos sanitarios que había tenido contactos de riesgo.

Sobre la disponibilidad de material de protección personal, detalló la ONG en el documento, fue «claramente insuficiente», existiendo una leve mejoría a partir del mes de mayo.

Con un total de 387.502 personas contagiadas y 10.513 fallecidas a las que habría que añadir cerca de 4.000 muertes «sospechosas» o «atribuibles» al coronavirus, Chile se encuentra entre los diez países con más contagios por millón de habitantes del mundo.

En las últimas semanas la tasa de positividad de los testeos realizados se ha mantenido a la baja, sumando entre 1.000 y 2.000 nuevos casos diarios, lo que ha permitido al Gobierno iniciar un plan de desconfinamiento progresivo que esta semana ha devuelto a las calles a la mayor parte de la población de la capital.

Piquer advirtió sobre las consecuencias de un posible repunte en el número de contagios: «Si en el futuro aumentan los casos, será complejo. El personal de la salud ya viene agotado. No mejorar las condiciones afectará a los trabajadores que están al límite y a las pacientes».