Las pérdidas por las últimas lluvias en el oriente de Bolivia, región principalmente dedicada a los cultivos de soya, maíz y sorgo, han llegado a los 50 millones de dólares con la afectación de al menos 60.000 hectáreas de esos cultivos.

«Debido a las inclemencias del tiempo estamos teniendo pérdidas millonarias», manifestó en una rueda de prensa el presidente de la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (Anapo) del departamento de Santa Cruz, Fidel Flores.

La recientes lluvias han dejado varios de los campos de soya, maíz y trigo prácticamente inundados, sin que incluso los tractores de los productores puedan ingresar a esos espacios afectados también por el desborde de los ríos, según la imágenes difundidas por algunos medios locales.

Flores detalló que las precipitaciones pluviales de los últimos días inclusive han llegado a pasar los 600 milímetros cuadrados de los 400 que necesitan los campos agrícolas y que la pérdida general «podría profundizarse en el futuro».

Ante esta situación, el pedido del sector al Gobierno nacional ha sido «que elimine la banda de precios y cupos de abastecimiento» que se aplican para la venta de harina en el mercado interno y que generan «precios de subsidio» que afectan a los agroproductores.

Del total de producción de oleaginosas, un 20 % es para el mercado interno y el resto para la exportación de productos industrializados que anualmente generan entre 800 a 1.200 millones de dólares, detalló a Efe el gerente del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), Gary Rodríguez.

Justamente estos 50 millones de dólares de pérdida establecida afectan directamente a la «materia prima» de varios productos de exportación, aunque Rodríguez señaló que el efecto más fuerte de estas inundaciones las afrontarán los «pequeños productores».

Muchos «operan con capital prestado» y la pérdida de la cosecha con estas lluvias significa para esos productores «quedarse con el crédito pero sin el producto» que debe generar, apuntó.

Rodríguez mencionó que el sector productivo agropecuario de Santa Cruz, que provee gran parte del mercado boliviano, ahora tiene que afrontar las inundaciones tras varios años seguidos, desde 2016, en los que el principal problema «ha sido la sequía».