Cuando una economía registra un período de auge insostenible, el ajuste que tarde o temprano debe asumir, es inevitable. Es lo que ya había empezado a suceder en Bolivia cuando la economía empezó a desacelerarse incluso antes de la caída de la cotización internacional de las materias primas de 2014, y que la crisis política causada por el fraude Morales en 2019 y la pandemia de 2020 agravaron de manera considerable.

Sin embargo, el gobierno de Arce se ha encontrado con la realidad de las circunstancias, y está por darse de bruces con la necesidad de echar por tierra aquella ley que le habría permitido dar vida a su modelo de gasto púbico desbocado mientras duró el auge de materias primas.

Debacle en el sector hidrocarburífero

Con célebres frases como “hemos recuperados los recursos naturales de Bolivia para el pueblo,” “no más vendepatrias”, “queremos socios, no patrones”, Morales tomó el campo de San Alberto -el campo más importante en ese entonces- de manera simbólica y pidió a las empresas petroleras extranjeras en el país “que respeten la dignidad de los bolivianos, que respeten esta decisión del pueblo boliviano. Si no respetan, nos haremos respetar a la fuerza, porque se trata de respetar los intereses de un país”.

Sin embargo, los analistas y expertos en la materia advierten desde hace varios años que, ante el deterioro cada vez más extendido del sector, si Bolivia no realiza reformas estructurales sobre la marcha, podría verse forzada a importar gas natural tan pronto como en 2024 o 2025.

Al respecto, Hugo del Granado afirmó: “Estamos muy cerca del déficit energético, es muy peligroso lo que está pasando en el país; puede producirse déficit en cualquier momento ante un contratiempo que pueda surgir en los campos operados actualmente”.

Álvaro Ríos Roca también sostuvo: “Lo que debe quedar claro es que la Ley N° 3058, sumada a la pseudo nacionalización (el DS N° 28701 de 2006), nos ha permitido ordeñar muy bien la vaca. Hemos tenido una fuente de ingresos que, en los años de bonanza, nos ha traído 6.000 millones de dólares de exportación de gas entre 2010 y 2014, pero luego el sector comienza a entrar en una debacle tanto de precios como de producción de gas y de exportación, así como de petróleo y condensado, lo que nos está forzando a tener que importar el 70% del diésel y casi el 50% de gasolina, y que nuestras exportaciones de gas hayan caído de casi 50 millones de metros cúbicos al día a casi 34; es una caída libre, en cascada”.

De igual forma, empresas como Petrobras, Shell y Repsol están retirándose del país a falta de incentivos. Ríos Roca afirmó: “La salida de Petrobras de Bolivia tiene que ver con que San Alberto y San Antonio están en declinación, producen muy poco gas, y tienen una renta muy elevada. Es decir, el Estado se lleva cerca de un 85% de la renta, que no es suficiente para cubrir sus costos de operación y el mantenimiento”.

Ahora, y luego de haber admitido su fracaso en el sector, el Gobierno de Luis Arce Catacora trabaja en una nueva ley de hidrocarburos en busca de inversión extranjera destinada a la exploración e incremento de la producción tanto de petróleo como de gas natural.

Ríos Roca además ha advertido sobre una nueva ley para atraer capital: “A las empresas petroleras, tanto a las grandes como a las medianas, les es cada vez más difícil acceder a préstamos de fondos canadienses o noruegos para prestarse plata y destinarla a la exploración, están con mucha presión. El capital que existe para explorar es muy limitado, y ahora Bolivia tiene que ir a competir”.

Lo que una nueva ley de hidrocarburos requiere

Esta situación tendría que estar causando un terremoto político sobre el que la oposición -si acaso la hubiera o al menos estuviera al tanto del rol que tendría que jugar para detener el autoritarismo de Arce- tendría que estar trabajando, pues la nacionalización del primer día de mayo de 2006 habría sido la que permitió al país captar una cantidad de recursos como probablemente nunca antes en su historia había visto, y ahora se enfrenta a un extenso período de crisis.

Como ilustración del fracaso del propio Modelo Económico Social Comunitario Productivo Boliviano de Arce Catacora, que se basa en el incremento permanente del gasto público para estimular la demanda interna, hoy la economía de Bolivia requiere de todo el ahorro privado externo del que pretendió prescindir durante años (ver siguiente gráfica), de manera desesperada, incluso si se aplicara una política de austeridad de manera decidida, como se había prometido desde un principio.

Bolivia: Inversión Extranjera Directa 2005-2019
(en millones de dólares)

Fuente: La Inversión Extranjera Directa en América Latina y el Caribe 2020, CEPAL, diciembre de 2020.

Es decir, la narrativa sobre las causas del auge de Bolivia a partir del ascenso de Morales y el Movimiento al Socialismo (MAS), así como del blindaje de la economía del que habría estado provista la economía de Bolivia gracias al modelo de Arce Catacora, acaba de terminar de caerse a pedazos, y probablemente traerá mucha tela por cortar en los próximos meses, si acaso no algunos años, pue.

No obstante, en el ámbito estrictamente técnico, Ríos Roca afirma que lo que se requiere de la nueva ley es “un moderno sistema tributario, ya que en la actualidad se cobra el mismo porcentaje impositivo para una nueva zona potencial gasífera o para un campo maduro ya en declive”.

Y además agregó: “Si se está hablando de transparencia, las licitaciones abiertas y públicas son el mejor método para que los interesados participen. Éstas deben estar dirigidas tanto para las zonas tradicionales como para la no tradicionales”.

Por su lado, Francesco Zaratti sostuvo que “lograr el equilibrio tributario es fundamental para atraer a los grandes inversores que participan en las principales petroleras del mundo”.

Finalmente, parece ser que Bolivia finalmente empieza a reconocer que el auge de la era de Morales, el MAS y Arce en el poder tuvo mucho más de relato que de realidad, y que la economía requiere de medidas diametralmente opuestas a las aplicadas desde 2006, lo cual ya es algo, aunque no es de esperar que sea suficiente.