La economía boliviana registró un decrecimiento de 9,56 por ciento a octubre con relación a similar periodo de 2019, con lo que van siete meses consecutivos de tasas negativas, informó este miércoles el Instituto Nacional de Estadística (INE).

El porcentaje es menor al -11,26 por ciento de agosto pasado, según el reporte difundido por la entidad con los resultados del Índice Global de la Actividad Económica de Bolivia (IGAE) de enero a octubre de este año.

El INE atribuyó esta cifra negativa al «impacto económico de la pandemia» de la covid-19 y la «mala combinación de políticas económicas» aplicadas por el Gobierno transitorio de la expresidenta Jeanine Áñez, cuya gestión concluyó a principios de noviembre pasado.

Los sectores que más incidieron en el decrecimiento de la economía boliviana son la minería, la construcción y la industria manufacturera, según el reporte.

A octubre, el área de minerales metálicos y no metálicos registró una tasa de -33,25 por ciento, la construcción de -32,06, la industria de -11,42 e hidrocarburos, un -5,14, indica el comunicado.

Según el INE, el deterioro del sector minero se debe a las restricciones laborales aplicadas dentro de la emergencia sanitaria por la pandemia, pero también a «problemas técnicos de índole diversa» que afectaron sobre todo a empresas mineras privadas de mediana escala, con un impacto en la producción de zinc, plomo y plata.

La entidad también señaló que la «dramática reducción de la inversión pública» en un 66 por ciento afectó «en demasía» a la construcción.

En cuanto a los hidrocarburos, que durante años han sido uno de los puntales de la economía boliviana, el INE atribuyó la caída en este sector a una adenda firmada por el Ejecutivo transitorio en el primer trimestre con Brasil, uno de los principales mercados para el gas natural boliviano.

La adenda «disminuyó sustancialmente los volúmenes entregados» de gas, que pasaron de los 30 millones de metros cúbicos diarios establecidos en el contrato que rigió hasta 2019 a 24 millones, según el INE.

El comportamiento en otras áreas como transportes, restaurantes y hotelería muestra un menor decrecimiento acorde con la flexibilización de la cuarentena.

La venta de gas natural es uno de los principales ingresos estatales en Bolivia, con Brasil y Argentina como sus principales clientes, pero sus precios dependen del petróleo, cuya cotización llegó a caer a negativo hace unos meses por la crisis del coronavirus.

El Gobierno de Luis Arce responsabiliza en gran medida al de Áñez por la crisis económica en que se encuentra el país, si bien sus detractores y otros expertos en economía han advertido de que el deterioro de los principales indicadores comenzó al menos hace un quinquenio y terminó de desencadenarse con la pandemia.

Bolivia estima cerrar el año con un 8,4 por ciento de contracción de su producto interno bruto (PIB) y proyecta un crecimiento del 4,8 para el próximo.