El Gobierno brasileño retomó este martes el pago de subsidios que intentan paliar las penurias económicas que causa la pandemia de covid-19 entre los más pobres, aunque esa ayuda ahora abarca un universo menor de personas y con valores inferiores.

La reanudación de ese auxilio financiero, que ya había sido dado entre abril y diciembre pasado, fue forzada por el agravamiento de la pandemia, que en Brasil ya deja casi 333.000 muertos y más de 13 millones de contagios, lo que obliga a parte del país a mantener la actividad económica restringida e impacta los índices de desempleo.

No obstante, presionado por un déficit fiscal disparado al 14 % del Producto Interno Bruto (PIB) por la crisis sanitaria en 2020, el Gobierno del presidente Jair Bolsonaro ha reducido tanto el valor de los subsidios como el número de beneficiados.

Durante el año pasado, ese plan de subsidios abarcó a 68 millones de personas entre marzo y diciembre, con valores de 600 reales (110 dólares) durante los primeros siete meses, que luego cayeron a la mitad en la etapa final.

Ahora, y por un plazo inicial de cuatro meses, esos subsidios le llegarán a 45,6 millones de personas y el valor, según la condición social, oscilará entre 150 reales (27 dólares) y 375 reales (67 dólares) mensuales.

Según el Gobierno, entre los beneficiados estarán los cerca de 14 millones de desempleados que tiene el país, pero esta vez no serán incluidos todos los trabajadores informales, los cuales conforman un universo calculado en unas 50 millones de personas.

Bolsonaro ha admitido que los beneficiados deberían «ser más» y que el valor «es muy bajo», pero también ha aclarado que ese dinero es «deuda» que el Gobierno contrae, por lo que subraya a diario que el país «debe volver a trabajar cuanto antes».

Según la Red Brasileña de Pesquisa en Soberanía Alimentaria, una oenegé centrada en estudios sobre pobreza, el año pasado, debido a la pandemia, casi el 55 % de los 210 millones de brasileños tuvo «algún grado de déficit nutricional».

Entre ellos, y pese al subsidio, hubo 19 millones de personas que «pasaron hambre», situación atenuada por cientos de organizaciones populares que distribuyen alimentos en las favelas y los «bolsones de pobreza» que existen en el país.

De hecho, Bolsonaro visitó el pasado fin de semana una de esas organizaciones, donde volvió a atribuir el hambre a «la política de cerrar todo», que «destruye empleos» y «no deja al pueblo trabajar».

FILAS PARA SUBSIDIOS, FILAS PARA VACUNAS, FILAS PARA HOSPITALES

La primera de las cuatro cuotas del subsidio será pagada de forma escalonada durante las próximas dos semanas y este martes solo llegó al 5 % de los 45,6 millones de beneficiados, pero eso no impidió que se formaran enormes filas de personas frente a las sedes de la Caixa Económica Federal, banco público responsable del pago.

En varias ciudades, las personas comenzaron a formar esas filas de madrugada y esperaron hasta cuatro horas para ser atendidas, en muchos casos sin el distanciamiento social que impone la pandemia.

Lo mismo ocurría en muchos centros de vacunación, un proceso que avanza lentamente por la falta de dosis, que hasta ahora han llegado a cerca del 10 % de la población.

Igual que en las sedes de la Caixa Económica, fueron miles las personas que se apiñaron desde la madrugada para recibir la primera dosis de las vacunas de AstraZeneca o Sinovac, las dos únicas que se aplican en el país.

Otra fila, invisible pero más preocupante, está en la lista de espera de los pacientes de covid-19 para acceder a camas de cuidados intensivos, que en muchos hospitales están totalmente ocupadas.

En esa situación se encuentra el estado de Sao Paulo, el más poblado y golpeado por la crisis sanitaria en el país y que este martes registró una nueva marca diaria de muertes por coronavirus, con 1.389 decesos en 24 horas.