La hermosa rana de cristal de Bejarano, una especie endémica de Bolivia, fue hallada en la zona de Sehuencas después de 18 años de que los herpetólogos no tuvieron ningún registro en el país. “Con este hallazgo hay esperanzas de encontrar más especies para cuidar y preservar sus hábitats”, dijo el biólogo Rodrigo Aguayo, quien junto a Oliver Quinteros, ambos del Museo de Historia Natural “Alcide d’Orbigny”, y René Carpio del Centro de Biodiversidad y Genética de la Universidad Mayor de San Simón, trabajan en un proyecto de mitigación y rescate de la fauna y flora del Proyecto Hidroeléctrico Ivirizu, en el Parque Nacional Carrasco.

El redescubrimiento de esta especie nos brinda un rayo de esperanza para el futuro de las ranas de cristal, uno de los grupos de anfibios más carismáticos del mundo, así como para otras especies del orden de los anfibios y reptiles, los más amenazados y vulnerables del planeta por su lento desplazamiento cuando son amenazados, dijo Quinteros.

“Para la ciencia, y principalmente para el planeta, perder una especie es un golpe durísimo a la biodiversidad porque cada una responde a muchísimos años de evolución y tiene una función biológica dentro del ecosistema. Saber que la rana está ahí ha sido buenísimo, y ya recuperamos el material genético que tiene un valor incalculable”, afirmó Aguayo.

En el país existen más de 270 especies de sapos y ranas, lo que representa cerca del 3,5 por ciento de los anfibios del planeta, siendo uno de los 10 países con la más alta biodiversidad de anfibios en el mundo.

 

Características

Quinteros explicó que se trata de una especie de los yungas de Sehuencas, cuyo nombre científico es Nymphargus bejaranoi (Cannatella, 1980) y pertenece a la familia Centrolenidae. “Es una rana que se caracteriza por poseer la piel del vientre transparente, siendo visible en algunos casos su corazón latiendo o su tracto digestivo, por esta característica la llaman ‘rana de cristal’, además de esta particularidad, también coloca sus huevecillos debajo de hojas en un envoltorio gelatinoso, por encima de arroyos y cuerpos de agua, en los cuales sus renacuajos caerán cuando estén desarrollados, evitando así los depredadores acuáticos”, agregó.

Aguayo agregó que la rana de cristal tiene ojos grandes, saltones  y cuando el macho está cantando tiene espículas en toda la piel. Su época reproductiva es de diciembre a febrero y los huevos son cuidados por los machos.

 

La buena noticia

En el hallazgo, que se produjo el 8 de enero pasado durante un trabajo de rescate de herpetofauna y como parte de las medidas de mitigación en el Parque Carrasco, se encontraron cinco ejemplares machos en las inmediaciones de la localidad de Chaquisacha, una zona de bosques nublados de montaña, según informó Aguayo, uno de los herpetólogos con más conocimiento de la zona y que tiene varias especies descubiertas para la ciencia.

Explicó que dos de los ejemplares fueron reubicados en las zonas, lejos de la intervención humana, dentro del parque y debido a la vulnerabilidad de la especie. Además, los tres individuos restantes fueron trasladados al Centro K’ayra del Museo de Historia Natural Alcide d’Orbigny, donde también vive la famosa rana “Romeo”, para resguardo de la especie en peligro, además para investigar y conocer más sobre sus características y con la finalidad de lograr su reproducción “exsitu” y su posterior repoblamiento.

Allí estas ranas recibirán la atención adecuada de profesionales expertos para asegurar su subsistencia, permitiendo la preservación del material genético de esta especie muy susceptible a los cambios climáticos y antrópicos, dijo Quinteros, otro de los biólogos del equipo y con amplia experiencia en estas especies.

Si bien es cierto las ranas de montaña de varios grupos, incluidos los centrolénidos (ranas de cristal), han disminuido en gran medida en las últimas tres décadas en Bolivia y Latinoamérica, muchas veces como resultado de un hongo patógeno mortal y el cambio climático, al parecer esta especie ha resistido. Lo bueno es que no es la única especie de anfibio amenazada que parece resurgir como el ave “fénix”, como es el caso de la famosa rana “Romeo” (Telmatobius yuracare), también habitante de esta región y que es un aliciente para la conservación de estas especies en peligro.

Según Aguayo, las principales amenazas de la rana de cristal obviamente son la desforestación del bosque nublado donde habita, la expansión de la agricultura en este sector, el descenso de las aguas, el hongo quitridio (causante de varias extinciones de anfibios en el mundo) y el uso de pesticidas en las alturas, las cuales están destruyendo varias de las localidades donde se encontraba la especie.

En ese sentido, el biólogo recomienda a las autoridades del Servicio Nacional de Parques adoptar mayores medidas de seguridad para la preservación de las especies, ya que la zona donde está ubicado el Parque Carrasco, en Cochabamba, es una de las zonas con mayor endemismo, lo que quiere decir que allí existen especies únicas en el mundo. “Tenemos que aumentar los esfuerzos para monitorear y saber cuál es su estado poblacional para ser más efectivos en la protección de las especies y las zonas donde habitan”, dijo.

Texto de Elizabeth Arrázola para Los Tiempos