Argentina transita la Navidad con una situación de pobreza y hambre que recuerda a la crisis social y económica de diciembre de 2001, pero con organizaciones sociales que han armado una red de contención que ha impedido los estallidos sociales en diciembre, un mes que despierta la sensibilidad en el país.

A su propia deficiencia económica, Argentina sumó la pandemia de la covid-19, y el país elevó este año el nivel de pobreza a un 44,2%, según la Universidad Católica, y un tercio de los hogares ha declarado haber reducido el consumo de al menos un alimento, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), lo que puso a los comedores sociales en la primera línea de fuego, esta vez no sólo para calmar el hambre de los niños sino también de familias enteras.

A esas organizaciones sociales llega el Banco de Alimentos, que ha sido exigido al máximo como actor clave en la zona metropolitana de Buenos Aires, el área más populosa del país, al haber repartido más de 7 millones de kilogramos de comida este año, desde los 5,03 millones que repartió en 2019, y con la expectativa de que en 2021 la situación social no mejore.

El pico de asistencia fue en agosto pasado, cuando llegó a alimentar a 575 mil personas, desde las 167.636 que habían asistido en 2019 (74 % niños).

Y de marzo a septiembre distribuyó 5,79 millones de kilogramos de comida, más de lo que se había entregado en todo 2019.

Esas instituciones sociales, conformadas por escuelas, hogares, centros comunitarios, que en su gran mayoría atendían a niños y adolescentes (el Banco asistía en un 75% a esa población, a diciembre de 2019), se transformaron para atender las necesidades alimentarias de las familias.

«Con la pandemia, estos lugares tuvieron que cerrar, como las escuelas, pero no dejaron de brindar servicio alimentario. En vez de brindar almuerzo y merienda para un niño de lunes a viernes, empezaron a trabajar con la entrega de bolsones tres veces a la semana», dijo a Efe la directora general del Banco de Alimentos, Marisa Giráldez.

«Ese bolsón no estaba destinado sólo para el niño o niña, sino a toda la familia. Las instituciones pasaron de atender en lugar de 100 niños, a 500 personas, algunas, porque ese niño tiene familia y, al estar aisladas las familias y no poder contar con ingresos, tuvieron que pedir comida en un comedor o centro comunitario», agregó.

NAVIDAD CON MAYOR NECESIDAD

Así llegó el país a las fiestas de fin de año. «Esta Navidad se ve más necesidad», dijo Giráldez.

«Evidentemente la economía no repunta y eso afecta a la economía de las personas. Bajó un poco la cantidad de personas, pero todavía hay familias que necesitan ayuda. Los primeros días del mes no hay tanto pedido, pero cuando llega fin de mes ya hay más solicitud de ayuda», enfatizó.

La respuesta es que el Banco de Alimentos entregó 45 % más platos de comida, a 8,71 millones, después de haber incorporado 44 empresas donantes (desde las 280 de 2019), recibir 102 % más de alimentos donados para llegar a 1354 organizaciones sociales (162 más que en 2019). Y logró adaptar los protocolos para evitar contagios del coronavirus en su funcionamiento.

Hay organizaciones que llaman y preguntan «¿no tendrás por casualidad algo más?», pero el Banco entrega los alimentos que recibe en donación y no arma cajas navideñas.

COMO EN 2001, PERO CON MÁS CONTENCIÓN

La situación social de este diciembre es comparable con la crisis económica de 2001 que fue un hito del deterioro social para Argentina. «Mi percepción es que la crisis es tan profunda como la de 2001 en términos sociales», afirmó Giráldez, tras aclarar que no es un registro del Banco de Alimentos que justamente empezó a entregar comida en 2001.

Sin embargo, la necesidad no se expresa en manifestaciones públicas como las que sufrió el país en ese caótico diciembre. «Si no está la protesta en la calle, es porque las redes de contención social están apoyando», concluyó.

«Probablemente desde 2001 a la fecha las organizaciones sociales han tejido una red y funcionan como red de contención. Están desbordadas de pedidos, pero es la diferencia de 2001 a la actual», según percibe Giráldez.

«Hay necesidad, indudablemente. Hay personas que no pueden cubrir sus cuatro comidas, que tienen incertidumbre sobre lo que va a pasar el 24, lo que tendrán en su mesa. Pero hay una red de contención en el territorio que está funcionando», agregó.

UNA DEMANDA QUE SE VA A SOSTENER EN 2021

Se espera para 2021 otro año «difícil»: «No esperamos que la crisis social haya finalizado, muy por el contrario», indicó la directora del Banco.

«En el Banco de Alimentos siempre nos proponemos más porque todavía hay una demanda que no se consigue satisfacer. Este año con la pandemia esa demanda creció notablemente y no prevemos que bajará a los niveles prepandemia en 2021. No creemos que pase en los próximos tres meses. Al menos estimamos que los próximos seis meses van a ser difíciles», explicó.

La emergencia social en Argentina también despertó otras iniciativas privadas, como «Seamos Uno», de la que el Banco fue parte y congregó a empresas, ONG y entidades religiosas, que logró distribuir un millón de cajas de alimentos.

Pero la entrega de alimentos tiene mucho por crecer porque el Banco de Alimentos -que busca reducir el hambre, mejorar la nutrición y evitar el desperdicio de alimentos- se pone como límite una entrega de 20 a 25 %, en promedio, de las necesidades de un comedor comunitario. En tanto, se propone mejorar el valor nutricional del bolsón agregando frutas y verduras, que deberían estar más presentes en la dieta de los argentinos.