Decía Michel Foucault que para encontrar los poderes que realmente gobiernan no se podía mirar al Estado, ya que el poder es descentralizado y se ejerce desde la normalización cultural en diferentes instituciones sociales como la escuela, la familia o la pareja. Siguiendo este fundamento biopolítico, encontramos entonces diferentes conceptos como el amor o la amistad que pueden verse modificados según la época, o la cultura en la que nos fijemos.

La posesión del otro

Si bien el amor representa un conjunto de reacciones fisiológicas y psicológicas muy reales, su significado pude variar de una persona a otra, producto de su crianza, de diferentes experiencias vitales u otros factores personales y culturales. En el momento que el concepto de amor es interpretado por uno o ambos integrantes de la pareja como la pertenencia del otro, comienzan a desarrollarse diferentes factores de riesgo para la pareja entre los que encontramos los celos, la manipulación, el maltrato físico y psicológico, pudiendo llegar en ocasiones a desencadenar eventos violentos que atenten contra la vida de uno de estos.

La convivencia

El inicio de la convivencia de una pareja es un punto de inflexión para la misma, ya que, sin importar los años de relación anteriores, comenzarán a redescubrir a ese otro imaginario en un choque constante de enseñanzas familiares. La resolución positiva de estos conflictos normativos dependerá de la capacidad de adaptación y negociación de ambos integrantes.

La polarización

Pasado algún tiempo de la vida en pareja y añadiendo algunos factores como la crianza de los hijos, el estrés laboral, comienza cambiar gradual o radicalmente la perspectiva hacia el otro integrante de la relación, comenzando entonces a percibir de forma negativa las características del otro que en algún momento fueron ideales, a este fenómeno psicológico se le llama polarización. Y su correcta resolución dependerá de las habilidades personales de cada integrante o de la ayuda profesional que busquen.