El compromiso de los Estados es realizar el Censo de Población y Vivienda en los años de dígito 0, es decir, cada 10 años, para de esta manera sumar a los datos mundiales nuestra información lo más ajustada posible a la realidad.

Bolivia viene con un rezago de dos años y existe una justa expectativa por la realización del Censo programado para el año 2022. La última década ha sido de una movilidad territorial muy grande de la población boliviana, con la tendencia que ya venía de los Censos del 1992, 2001 y 2012, acentuada por los procesos acelerados de urbanización y abandono de territorios rurales que reproducen las proporciones existentes en el mundo en general, y en América Latina en particular. En definitiva, la importancia del Censo está en que se constituye en el instrumento sobre el cual se aprueban las políticas públicas en favor de la sociedad. Otro valor del Censo es que permite ubicar de manera práctica la categoría genérica de población, para convertirla en habitantes, ciudadanos y administrados, cada uno de ellas con valores y exigencias diferentes.

Ya sabemos que en este momento los problemas de la salud, la economía y el trabajo, la seguridad alimentaria, el turismo sostenible y la gobernabilidad democrática, están a prueba y sólo un esfuerzo conjunto puede permitir superarlo. Los resultados de las elecciones del 7 marzo y los resultados de la segunda vuelta en cuatro departamentos, exigirán mayor responsabilidad y madurez de los gobernantes de los cinco niveles territoriales.

En el equipo de investigadores del CEPAD, en alianza con varias instituciones nacionales e internacionales, venimos estudiando desde hace siete años, las causas de la migración rural a las ciudades. La migración, dejar el lugar donde cuidamos a nuestros muertos y nuestros recuerdos, se da en la historia de la humanidad por múltiples razones: desastres, guerras, pobreza, búsqueda de mejores tierras, de mejores condiciones, nuevas expectativas… visto así, todos los terrícolas, todos, somos migrantes.

En la investigación sobre Ciudades Intermedias, aparecen algunas causas, sobre otras, que terminan generando presión migratoria y produciendo su consecuencia, el abandono de zonas rurales y crecimiento inorgánico de las áreas urbanas. Este proceso en Bolivia, ya es tendencial e inmodificable y se ratifica en la proyección publicados por el INE el 9 de abril. La migración se produce a partir de:

  1. Ausencia de servicios básicos en los territorios rurales, agudizados por la pandemia, que limita la condición de una vida digna en esos territorios y ciudades pequeñas.

  2. Cambio climático, que modifica los ciclos del agua y la producción, disminuyendo su capacidad productiva de la tierra.

  3. Economías de escala, que margina territorios que no logran competitividad en volumen, calidad y precio, y que hace que los productos del exterior tengan en el mercado, menor precio que los nuestros.

  4. Ausencia de entornos amigables de negocios, producción e innovación.

  5. Falta de competitividad, conectividad, investigación científica, educación de calidad.

Cuando estos datos los convertimos en evidencias, nos encontramos que 256 municipios con población menor de 20.000 habitantes, de los 339 que tiene Bolivia, están sometidos a presión migratoria por la ausencia de servicios básicos en el territorio, y que, en 30 municipios con población mayor a 45.000 habitantes, se encuentra en este momento cerca del 70% de la población boliviana.

No estamos haciendo nada seriamente para modificar estas condiciones y no debemos asombrarnos entonces de las tendencias poblacionales y migratorias que se están anunciando. Con el Censo, como consecuencia, tendremos que discutir seriamente el mapa del desarrollo económico, los sistemas de representación política, y el modo de la gestión territorial del Estado, sobre los que existe una franca y justificada incomodidad