El cuento de la princesa Kaguya es una vasta historia sobre la libertad, el sufrimiento y la belleza

Confieso que llegué tarde a la magia de “Estudio Ghibli”. Las historias fantásticas e inmersivas del legendario estudio de animación japonés no marcaron mi infancia como marcaron la de incontables personas de mi edad. Pero al ver poco a poco su catálogo a medida que este se ha vuelto más accesible, me he encontrado, una tras otra, con películas que tocan el alma. Son una exquisita animación de historias complejas y personajes profundos.

Dirig ida por Isao Takahata, la película “El cuento de la princesa Kaguya” (2013) es a la vez un perfecto ejemplo de estas características y una hermosísima oveja negra dentro del catálogo del estudio. A pesar de tratarse de uno de los dos directores principales del estudio, la carrera de Takahata no es tan célebre como la de su compañero, el legendario director Hayao Miyazaki. No obstante, “La princesa Kaguya” es una de las joyas de la corona de Estudio Ghibli.

El cuento de la princesa Kaguya

La historia comienza cuando una pareja de campesinos encuentra una bebé dentro de una planta de bambú. La pareja decide adoptarla y criarla como su hija. Interpretan su aparición misteriosa como una señal de que la bebé es un regalo de los dioses. Como retribución, los nuevos padres se proponen darle a la bebé una vida propia de una princesa, que corresponda a su origen divino.

A medida que la princesa crece (lo cual sucede con inusual rapidez), desarrolla un gran amor por la sencilla vida que lleva con sus padres y sus amigos en el campo. Pero esta vida se acaba cuando sus padres la llevan a la capital para educarla en la vida y las costumbres de una princesa.

En la capital la princesa se encuentra restringida de hacer y ver todo lo que le apasiona en nombre de la conducta propia de su casta. Debe escabullirse, disfrazada, de su palacio para poder contemplar los cerezos en flor. Constantemente rechaza las ofertas de matrimonio que le presentan varios nobles e incluso el emperador en persona. Entristecida al ver cómo la vida que le tocó limita y ahoga sus pasiones y libertades, la princesa le confiesa a sus padres el secreto de su origen.

Enviada por la luna a la tierra como castigo por un crimen. La princesa debería experimentar el sufrimiento inherente en la vida humana viviendo en la tierra hasta una fecha en que los dioses volverían a buscarla. Sus padres se horrorizan al confesarles la princesa que aquella fecha se aproxima. Llegado el momento, y a pesar de las infinitas plegarias de la princesa, los dioses llegan para llevarla de vuelta a la luna. Allí, le dicen, llevaría una existencia pura y sin sufrimiento. La princesa se resiste, alegando que todo el sufrimiento del mundo no importa si puede estar con las personas que ama y experimentar la belleza del mundo. Pero los dioses se la llevan sin más, borrando toda memoria de su paso por la tierra.

El cuento de la princesa Kaguya y la vida que no fue

Con sus casi dos horas y media de duración, “El cuento de la princesa Kaguya” es una vasta historia que explora un gran conjunto de temas como la libertad, el sufrimiento y la belleza. Pero, en el fondo, se trata de una tragedia, la tragedia de una vida que no fue; La vida inocente e inmaculada que la princesa Kaguya ansiaba, irreconciliable con el concepto de felicidad y progreso que sus padres le impusieron, si bien siempre con las mejores intenciones.

La belleza a pesar del dolor

No obstante, en las canciones que canta la princesa, en el éxtasis que siente al contemplar la belleza del mundo, o en el amor que siente por sus padres y su amigo de la infancia, está escondida una verdad esencial para la historia de la princesa Kaguya: el mundo y la vida son hermosos a pesar del sufrimiento y el dolor.

La belleza en la vida está en todos lados a pesar del dolor inherente a la condición humana. Este dolor es digno de aceptar si nos permite disfrutar de esta belleza, de la vida en este mundo.

Esta visión, que la princesa Kaguya expresa en el momento de su partida, contrasta con el mundo de los dioses. La ausencia del sufrimiento viene a costa de la felicidad alcanzable en la tierra, la felicidad que la princesa Kaguya encontró a pesar de los obstáculos, y que habría deseado seguir sintiendo.

“El cuento del cortador de Bambú”

La exquisita animación es una de las principales particularidades de la película. Su estilo, inspirado en las acuarelas tradicionales japonesas, crea un ambiente inmersivo y especial. Las delicadas líneas y contornos deleitan los sentidos a la vez que alimentan a la imaginación.

Sumado a esto, la historia misma es profunda y cautivante, casi mítica, dándole a la película un aire casi literario, que hace que después de mirarla quede la sensación de haber leído un hermoso libro ilustrado. No debe sorprender, pues, que la inspiración nazca de una antigua leyenda japonesa, descrita en un libro anónimo del siglo IX. El libro se titula “El cuento del  cortador de bambú» , y se centra principalmente en los padres adoptivos de la princesa. La película nace de la intención de humanizar y mostrarnos la perspectiva de la princesa. De ahí la diferencia en los nombres.

“El cuento de la princesa Kaguya” es una película tan rica en emociones y en detalles. Pasa de ser una simple historia a convertirse en una experiencia. Verla significa aprender y pensar, sentir y experimentar la vida más profundamente. Es una experiencia digna de vivir, como lo hizo la misma princesa Kaguya, con todo su dolor y, sobre todo, con toda su belleza.

Imágen: El cuento de la princesa Kaguya de Isao Takahata[© hime_none]