Los kenianos Moses Kiuna y David Gathu llevan años desarrollando innovaciones tecnológicas para dar solución a problemas de su comunidad, desde la seguridad hasta la salud, y ahora, en plena pandemia, han inventado un dispositivo para desinfectar superficies y espacios contaminados por la covid-19.

«Cuando el virus golpeó a nuestro país decidimos crear una máquina que pudiera descontaminar espacios o, por ejemplo, el dinero», relata Kiuna a Efe desde su taller en la ciudad de Kikuyu, en el condado de Kiambu, al norte de Nairobi.

El contraste entre la vida rural y el trabajo de investigación de estos dos jóvenes -de 26 y 29 años respectivamente- queda plasmado en la escena: por un lado, cientos de ordenadores viejos, en muchas ocasiones abiertos y destripados, dejando a la vista su cableado y sistema interno y, por el otro, el cacareo de las gallinas y el ladrido de los perros como música de fondo.

«De momento, usamos materias primas de otros aparatos desechados porque no tenemos un lugar o los recursos para obtener los materiales necesarios y producir en cadena», comenta Kiuna, vestido con su mono de trabajo, de color rojo eléctrico.

Gracias a las piezas de segunda mano que obtienen de esos dispositivos, han ideado durante los últimos años numerosas soluciones tecnológicas, como un brazo robótico o una aplicación de seguridad, pero en los últimos meses, frente a la crisis sanitaria global, han centrado sus esfuerzos en desarrollar una «máquina desinfectante».

El dispositivo, que aún se encuentra en la fase de prototipo y, de momento, mide menos de un metro de altura, oxida las moléculas del oxígeno para convertirlo en otro gas, el ozono, que tiene una gran capacidad como desinfectante, detalla Gathu, mientras hace una demostración a Efe de su funcionamiento.

La estructura de madera -elaborada también con pedazos sobrantes desechados por el carpintero- incluye un tubo que absorbe el aire y lo hace pasar por un filtro, para separar el oxígeno de los otros gases que lo componen.

Una vez dentro, explican los jóvenes, las moléculas de oxígeno pasan a una especie de cilindro de vidrio -escogieron este material porque no es conductor de la electricidad- y son sometidas a altas cargas de energía que desestabilizan sus átomos y les hacen perder electrones, convirtiéndolas en moléculas de ozono, que evitan «que el virus se siga replicando».

Este método de desinfección ya hace décadas que se utiliza tanto en hospitales como en la industria alimentaria, pero Kiuna y Gathu lo han producido con medios materiales muy limitados y manualmente en su pequeño taller.

Ni él ni su compañero pudieron realizar estudios superiores porque no podían asumir los costes universitarios, aunque esa carencia no pudo frenar su pasión y ya «en el instituto nos implicamos en los clubes de ciencia y varios programas tecnológicos», recuerdan.

Desde entonces o incluso antes -ya de niños les gustaba curiosear y preguntar en los establecimientos de productos electrónicos-, Moses Kiuna y David Gathu han aprendido e investigado de manera autodidacta, a través de los libros que abarrotan su taller o de internet.

Además de este invento, Kiuna y Gathu llevan años trabajando en dispositivos que logran «transformar lo que ha sido descartado en oro», dicen con satisfacción.

Por ejemplo, en 2018 llegaron a vender a varios vecinos del barrio un aparato de seguridad para prevenir robos domésticos, que funcionaba a base de sensores de movimiento y rayos infrarrojos, de modo que detectaba cualquier movimiento en el exterior de la casa y enviaba un mensaje alertando al propietario de manera automática.

A la espera de reunir los recursos necesarios para poder producir a gran escala, estos dos genios kenianos -que trabajan reparando dispositivos electrónicos para poder sufragar sus proyectos – siguen dando una segunda oportunidad a la tecnología que otros descartan.

Desafían así los ritmos de producción de un sistema que la propia pandemia ha puesto en cuestión.