El otro renacimiento: hay una infinidad de razones por las que celebrar la explosión de cultura, arte y saber que se dio en este período infinitamente fascinante de la historia

El renacimiento es un término complicado. Primero, porque es difícil definir exactamente cuándo esta época de la historia europea tuvo su inicio y su fin. Segundo, porque en la medida que se refiere a un continente que despierta al intelecto después de siglos de oscurantismo, es un término en parte erróneo. Es cierto que, hasta antes del siglo XV, la mayoría de Europa estuvo sumida durante casi diez siglos en el feudalismo y el fanatismo religioso. En la península ibérica, sin embargo, las ciencias y las artes florecieron durante este tiempo en un renacimiento casi olvidado. Renacimiento que precedió por casi ocho siglos al renacimiento “europeo” tradicional, y que vino de la mano de la civilización y la cultura islámicas.

Cuando el imperio romano cayó en el siglo V, Europa quedó fragmentada en una infinidad de clanes y reinos que se disputaban el poder entre sí. En el año 711 los ejércitos musulmanes cruzaron, desde el norte de África, el estrecho de Gibraltar. Invadieron y conquistaron casi toda la península ibérica, que en aquel momento gobernaban débilmente los pueblos visigodos.

Esto dio inicio una de las épocas más fascinantes de la historia, la de la España medieval. Durante los siguientes ocho siglos, la península ibérica se convirtió, bajo el dominio musulmán, en un caldero de artes, ciencias y culturas. Los musulmanes se encargaron de reabrir y expandir las antiguas rutas comerciales romanas que unían la península y la conectaban con el mundo mediterráneo. De esta manera revitalizaron su territorio, al que llamaron Al-Ándalus.

El otro renacimiento: un reino tolerante

Al-Ándalus era notoriamente tolerante hacia la diversidad religiosa. En su territorio, musulmanes, cristianos y judíos convivían pacíficamente. Si bien los gobernantes fomentaban la conversión de la población al islam, cristianos y judíos gozaban de libertad para practicar su fe. El mejor ejemplo de la mezcla de culturas y religiones características de este período son las misas católicas que se celebraban en árabe y al lado de las imponentes mezquitas sin que esto represente una incongruencia religiosa.

Las traducciones de los clásicos

Como el pensamiento no estaba restringido por la religión, sino impulsado por ella, Al-Ándalus se convirtió en un centro importante para el saber científico y filosófico.

Introdujeron el papel a la península. Esto permitió que académicos y pensadores se dedicaran a traducir al árabe y a comentar una enorme variedad de textos persas, chinos, sánscritos y griegos. De entre estos últimos destacan los textos de Aristóteles y Platón, que, de no ser por sus minuciosas traducciones al árabe en los talleres de Al-Ándalus y de otros lugares del mundo islámico, habrían sido perdidos. Es así, pues, que una parte tan esencial del canon “occidental” no existiría hoy de no ser por las traducciones realizadas en la España musulmana.

La Alhambra, una obra de arte

Además de un legado de conocimiento científico y filosófico, Al-Ándalus también dejó un legado artístico inigualable. A diferencia del cristianismo, el islam no permite las representaciones físicas de sus figuras sagradas. Como consecuencia, el arte islámico desarrolló una caligrafía y arquitectura absolutamente exquisitas, y Al-Ándalus fue uno de sus epicentros.

Su ejemplo cumbre es la Alhambra de Granada. Este complejo palaciego es, sin miedo a exagerar, uno de los edificios más hermosos que existen. Sus paredes están revestidas de hermosa caligrafía tallada, así como de azulejos y mosaicos que se extienden en complejos patrones geométricos. Su arquitectura realza los espacios, haciendo de lugares prácticos como patios y pasillos una obra de arte, y sus estanques y fuentes reflejan las paredes y pilares.

Un legado intangible

Pero por si este legado arquitectónico fuera poco, Al-Ándalus nos ha transmitido también cosas menos tangibles; El idioma español contiene más de 4000 palabras de origen árabe, como: “azúcar”, “almohada”, y “ojalá” (esta última siendo equivalente a la palabra árabe “Inshalla”, que significa si Dios quiere). Además, el icónico canto melancólico del Flamenco es inequívocamente similar a la llamada a la oración que los musulmanes realizan cinco veces al día.

En el otro renacimiento, la España musulmana es generalmente vista como un paréntesis en la historia de este país. Un intermedio entre la caída de Roma y el “descubrimiento” de América, que sería donde comienza la “verdadera” historia de España como tal.

Por el contrario, la historia no solo de España, sino también la historia universal, son incomprensibles sin los aportes al conocimiento y el arte que nacieron fruto de una cultura rica y tolerante. Desde clásicos de la literatura antigua hasta el vocabulario de nuestro propio idioma. Hay una infinidad de razones por las que celebrar la explosión de cultura, arte y saber que se dio en este período infinitamente fascinante de la historia, el otro renacimiento, el de Al-Ándalus.