El señor de las moscas es el manifiesto de una visión siniestra de la naturaleza humana

Durante la segunda guerra mundial, el escritor inglés William Golding pasó de ser un profesor de filosofía a ser teniente de la marina. La experiencia de pasar por la guerra y contemplar la destrucción humana y material que ésta deja a su paso destruyó en él cualquier semblanza de fe en el futuro de la humanidad. Como resultado, Golding escribiría uno de los libros más inquietantes del siglo pasado: “El señor de las moscas”.

La historia se ambienta en el contexto de una guerra nuclear cuyo origen no es explicado. El avión en el que un grupo de niños y jóvenes estudiantes británicos partió en un viaje escolar se estrella, dejando a los sobrevivientes varados en una isla sin ningún rastro de vida. Al haber muerto todos los adultos, los chicos se encuentran a su propia merced. Rápidamente los sobrevivientes se agrupan e intentan crear alguna especie de orden. Escogen a un líder, Ralph, el protagonista, y se disponen a crear señales con fuego por si pasara una nave o un barco que pudiera rescatarlos.

La caza de la bestia

El precario orden que logran imponer algunos de los sobrevivientes se desintegra casi de inmediato. Jack, el líder de lo que fue el coro escolar, desafía el liderazgo de Ralph, perjudicando los esfuerzos del grupo por mantener el orden. Además, comienzan a esparcirse en el grupo rumores de una diabólica bestia que habita en el interior de la isla. Jack se vuelve cada vez más desafiante. Eventualmente, su deseo de liderazgo de acaba imponiéndose a los esfuerzos colectivos por que los rescaten. El coro, con Jack a la cabeza, se separa del grupo. A medida, que los rumores de la terrible bestia crecen, cada vez más chicos abandonan a Ralph y se unen al coro, que pretende cazar a la bestia. Comienza una serie de choques violentos entre ambos grupos.

El grupo de Jack se torna cada vez más violento en sus esfuerzos por cazar a la bestia y castigar a cualquiera que no decida unírseles. Ralph, abandonado por casi todos los demás chicos, acaba con la única compañía de Piggy, un niño del que todos se burlaban y el único, aparte de Ralph, al que todavía parece importarle ser rescatado. Simon, un chico que se había perdido y que no sabía de la separación del grupo, logra encontrarse con el coro en medio de la noche. Estos lo confunden con la bestia, y en su frenética desesperación lo asesinan brutalmente.

Cuando todo parecía perdido

Luego de haber contemplado ese horrible espectáculo, Ralph y Piggy deciden intentar hacer entrar en razón al coro. Sin embargo, estos responden aventando a Piggy un golpe con una gigantesca piedra que lo mata en el acto, bañando de sangre la playa. Lo que sigue es una perversa cacería a través de toda la isla. Buscando a Ralph para matarlo, el coro decide prender fuego a toda la isla para arrinconarlo. Cuando no quedaba ya ningún lugar donde esconderse, Ralph se topa inesperadamente en la playa con un oficial de la marina y su tripulación. Se dirigió a la isla atraída por el fuego, salvándolo cuando todo parecía perdido y poniendo fin al caos al que el grupo había descendido.

“El señor de las moscas” es en parte una crítica al tradicional género de novela infantil de aventuras inglesa. Específicamente, es una crítica al precepto colonialista, subyacente en este género, de que en estas aventuras los niños ingleses son exportadores de civilización y disciplina, contrapuesto a los nativos salvajes y faltos de educación. Pero, en su esencia última, el señor de las moscas es el manifiesto de una siniestra visión de la naturaleza humana. Una visión sin duda alimentada por las experiencias de Golding en la segunda guerra mundial. Sostiene que, dada la oportunidad, el lado destructivo y macabro del espíritu humano siempre va a imponerse por encima del lado tolerante y pacífico.

La oscura percepción del mundo que expone “El señor de las moscas” puede ser rechazada en favor de otras más optimistas. Es esencial, sin embargo, reconocer el potencial humano para la maldad y la violencia, simbolizado en un grupo de chicos perdidos y una bestia misteriosa, del que este nos advierte