El verdadero reencuentro con la Pachamama este mes no se dio en ningún edificio de gobierno, se dio en los guantes enlodados de miles de voluntarios recogiendo basura en todo el país. Más de noventa grupos ambientalistas de todo Bolivia organizaron juntos limpiezas masivas de lagos, ríos y parques naturales en semanas pasadas. La convocatoria de Alexis Dessard propulsó un movimiento nacional que apenas empieza, y muchos trabajamos hoy para que estas actividades sean constantes y efectivas. Sin embargo, esta no es la primera vez que grupos nacionales realizan limpiezas de áreas verdes. ¿Por qué esta vez las actividades de limpieza han logrado ser tan importantes? ¿Y por qué ahora?

Claramente el problema de nuestro país con el manejo de residuos es un problema de fondo: Bolivia no tiene un sistema coordinado y efectivo para el manejo de nuestra basura, ya sea de residuos sólidos o aguas residuales. Peor aún, la mitad o más de los botaderos donde se deposita nuestra basura están cerca o directamente sobre lagunas, ríos u otros cuerpos de agua. A esto se aumenta el poco o nulo control gubernamental a la contaminación de actividades industriales, que son las que más contaminan nuestros ríos. En conjunto, la situación es catastrófica y necesita respuestas urgentes… que el gobierno nunca da.

Ahondando más en el tema, nos damos cuenta de que nuestro comportamiento nacional frente a la basura es en gran manera reflejo de otros problemas aún más profundos. Estudios psicológicos han demostrado cómo la salud mental de una sociedad mejora cuando su espacio de vida está limpio, y se puede entender que empeora en caso contrario.

Psicológicamente los humanos asociamos la basura en forma inconsciente con sentimientos de inferioridad o inutilidad, con falta de valor. ¿Debería sorprendernos entonces que seamos un país que tiene tantos problemas, culturales y sistémicos, en el manejo de sus desechos? No es secreto que tenemos muchas heridas históricas y conflictos de identidad no resueltos. Nuestra basura física es también reflejo de nuestros traumas inconscientes como sociedad que simplemente desechamos e ignoramos, pero están ahí, contaminándonos, dañando nuestra salud y asfixiando a la pacha misma.

Volvemos a la pregunta entonces: frente a estas heridas tan profundas, sociales y ambientales, ¿por qué simples actividades de limpieza son tan importantes? Porque dentro de todas las divisiones y crisis que vivimos, estas actividades muestran una vez más un patrón que hemos visto también en la época de incendios: la ciudadanía boliviana tiene una capacidad enorme para unirse y movilizarse en pro del medio ambiente. La juventud boliviana está respondiendo hoy con acciones reales y en persona, como ya respondió el 2019 y 2020 para otras actividades medioambientales, independientemente de las crisis políticas, económicas y hasta de salud.

Mucho de la convocatoria se debe agradecer a Alexis Dessard esta vez, sin caer en caudillismos y recordando que quienes organizan y realizan las limpiezas a nivel nacional son centenares de bolivianos y bolivianas. Ese es el verdadero reencuentro del país con la Pachamama: la acción real, las manos levantando botellas, las botas enlodadas, el trabajo en conjunto y nuestros ríos corriendo hoy un poco más limpios que ayer.

La actividad de unirnos entre desconocidos y limpiar nuestra basura es una invitación de la madre tierra a revisar en ese ejercicio los conflictos de autoestima e identidad que nos impiden tener una convivencia pacífica entre las muchas naciones que conformamos Bolivia y con la naturaleza misma. Nuestras divisiones y heridas como país impactan directamente en nuestro medio ambiente.

En esta etapa tan dura de nuestra historia, todas las crisis ambientales que enfrentamos llevan en el fondo un mensaje muy directo de la naturaleza: nosotros también somos parte de la pacha, no estamos separados de ella. Si queremos sanar a nuestra tierra, también tenemos que sanarnos nosotros.