El perseguidor es una de las cartas de amor más bonitas de la literatura. Es una exposición perfecta de las inquietudes artísticas que marcaron la obra de Cortázar.

En 1954, el escritor argentino Julio Cortázar publica una colección de 5 relatos con el título de “Las armas secretas”. Este libro, junto con “Bestiario” (1951) y “Final del juego” (1956), fue en gran parte responsable de catapultar su carrera literaria y de cementarlo como una parte esencial de la excelente generación de escritores latinoamericanos de la que formó parte. Entre los relatos que conforman el libro se encuentra uno de los más queridos del escritor, titulado “El perseguidor”.

El cuento cortazariano

Los cuentos de Julio Cortázar, y su narrativa en general, se caracterizan por ser impredecibles. Es imposible leer un cuento suyo de manera pasiva o distraída. Cada cuento requiere no solo de la atención del lector, sino de su participación activa.

Son relatos redondos, con una riqueza de detalles y particularidades que pueden desorientar al lector en un principio. Sin embargo, cobran sentido a medida que se cierran los párrafos finales o incluso las últimas líneas. Añadido a esto, el elemento fantástico o surreal es otro factor que juega un enorme papel en sus relatos. En gran parte de ellos el tiempo, el espacio y los sentidos se deforman abriendo paso a una dimensión onírica que se esconde detrás del mundo cotidiano y se confunde con él.

El perseguidor de Cortázar

“El perseguidor” de Cortázar, sin embargo, no es uno de esos cuentos. En todo caso, no es un cuento en el que esos factores dominen la historia o constituyan su principal interés, su principal anzuelo. El protagonista es Johnny Carter, un prodigioso saxofonista de Jazz que vive en París. Todas las personas que lo rodean, tanto en el ámbito profesional como personal, lo admiran enormemente por su talento y su creatividad.

Todos saben que no hay nadie como él en la música. Para nadie es más cierto esto que para el narrador, un escritor y amigo suyo. A través de él, el lector se adentra en el mundo de Johnny, su música maravillosa e inigualable, su estilo de vida errático y autodestructivo, y sobre todo, su mágica visión del mundo.

La música de Johnny no solo deja maravillado a todo el que la escucha, sino que él mismo es transportado a otro mundo cuando toca, se pierde y se encuentra en cada sucesión de notas.

Pero en el fondo parece estar atormentado por algo que no lo suelta, algo que lo persigue y lo arruina de a poco. Con frecuencia pierde los saxofones que le prestan (pues ha arruinado el suyo), y a su amigo le cuenta que, cada vez que va en el metro, el tiempo para él corre más lento, mientras que para los demás sigue su curso normal.

Además, seguido se larga a dar extensos discursos que nadie entiende. Su amigo está seguro de que estos son el fruto de su frecuente consumo de Marihuana. (Si bien la manera en que es retratada en el relato delata escaso o nulo conocimiento general de las drogas, esta juega un rol importante y le aporta complejidad al personaje de Johnny).

Mientras más conoce a Johnny, más se da cuenta de que su amigo en realidad no es una persona atormentada. Johnny no es perseguido por algo, si no que es él quien lo persigue.

El misterioso saxofonista ve las cosas de una forma diferente, y siente que detrás de ellas hay algo que se esconde. No sabe qué es, pero sabe que quiere encontrarlo, necesita encontrarlo, y por eso lo persigue a través de la música, de sus incomprensibles discursos, a través de la marihuana y de la sensación que lo invade en los viajes en el metro.

Comparado con otros cuentos de Cortázar, “El perseguidor” es más bien sobrio en cuanto a artificios narrativos y elementos fantásticos.

No se trata, sin embargo, de una ausencia completa de estos elementos. Al contrario, ellos están presentes y son esenciales, solo que de una manera muy diferente; mientras que en los demás cuentos el elemento fantástico o surreal es el que, de una manera u otra, explica o completa al argumento del mismo, en “El perseguidor” son el argumento mismo, y sobre todo el personaje de Johnny y su visión de las cosas quienes dan sentido el elemento fantástico.

Eso es lo que distingue a “El perseguidor” del resto de la narrativa cortazariana y lo hace tan irresistible para los devotos del escritor.

El perseguidor: Charlie Parker la inspiración

El origen del cuento es bastante conocido y es casi en parte del relato mismo. El personaje de Johnny Carter está explícitamente inspirado en la figura de Charlie Parker, el mítico saxofonista que sacudió y renovó el mundo del Jazz. Cortázar era un enorme fan tanto del músico como del hombre, y “El perseguidor” es, en efecto, su gran tributo.

Lo hermoso de este relato es que a la vez es una de las cartas de amor más bonitas de la literatura y una exposición perfecta, casi explícita, de las inquietudes artísticas y filosóficas que marcaron siempre la vida y la obra de Cortázar. Eso que Johnny o Charlie persiguen, no es ni más ni menos que lo que persigue Cortázar, ese otro lado de las cosas cuya puerta busca abrir con relatos como este.

Leer “El perseguidor” es como mirar por una ventana abierta hacia el alma de quien lo escribió. Es casi hasta incómodo, se siente como estar viendo algo prohibido, algo que no nos corresponde. Pero precisamente por eso es tan hermoso, y ningún otro relato suyo me había hecho sentir esto. Su lectura le da un nuevo contexto a su obra, y al lector, unas renovadas ganas de perseguir eso que se esconde a través de ella.