Si en sus abrazos
desaparecen tus miedos.
Si a su lado encontrás paz.
Si podés ser vos, sin poses.
Si, a pesar de todo,
gana siempre la felicidad.
Si te hace sentir vivo
y entender que nunca
se trató de un lugar.

Quedate adentro
y cerrá la puerta.

Esa es tu casa.

No necesitás mucho más.