España, que ha sido uno de los países más golpeados por el coronavirus, es también el tercero en el mundo por la cantidad de estudios para desarrollar medicamentos contra la enfermedad, solo por detrás de Estados Unidos y Francia, y el sexto por el número de artículos científicos dedicados a la pandemia.

En un estudio dedicado a la ciencia, la tecnología y la innovación durante 2020 presentado este martes, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) explica que en los diez primeros meses del año, se habían contabilizado unas 70.000 publicaciones científicas dedicadas a la covid.

Más de un tercio de esos artículos (26.716) habían salido de Estados Unidos, líder indiscutible seguido muy de lejos por China (9.276), Reino Unido (8.157) e Italia (7.595).

A continuación venían India (4.533) y España (3.299), que se situaba así por delante de países con una importante industria farmacéutica como Canadá (3.113), Francia (3.048), Alemania (2.811), Australia, Brasil o Suiza.

En tres cuartas partes de esos artículos, sus autores han dado libre acceso a su contenido, lo que significa que permiten que otros investigadores los utilicen y los compartan de forma gratuita, un cambio en los comportamientos que hace esperar a la OCDE una aceleración hacia «una ciencia más abierta a largo plazo».

Por lo que respecta a las investigaciones puestas en marcha para obtener medicamentos, hasta el 8 de diciembre -la fecha a la que llega el informe-, Estados Unidos vuelve a estar claramente en cabeza, con 409.

Es decir, más de cuatro veces las de los países que se colocan en los puestos siguientes: Francia (90), España (85), Brasil (72), Reino Unido (58), México (50), China (50) e Italia (49).

Los autores del informe indican que en los primeros meses de la pandemia los organismos públicos dedicaron unos 5.000 millones de dólares (4.113 millones de euros) de fondos públicos a la investigación de urgencia sobre la covid, de los que alrededor de 3.500 millones (2.879 millones de euros) correspondieron a Norteamérica, 850 millones (699) a Europa y 300 millones (246) a países de la región Asia Pacífico, sin incluir a China, de la que no hay datos.

Además, en ese periodo diferentes fundaciones filantrópicas consagraron al menos 550 millones de dólares (452 millones de euros) con el mismo fin.

Los esfuerzos científicos se han desarrollado a través de instituciones científicas nacionales, pero también con iniciativas internacionales, como la Alianza Global para las Vacunas (GAVI) o la Coalición para las Innovaciones en la Preparación ante Epidemias (CEPI) que hasta agosto habían reunido unos 2.000 millones de dólares (1.644 millones de euros) de fondos públicos y privados.

La crisis sanitaria ha acelerado el uso de tecnologías digitales para facilitar el teletrabajo, el aprendizaje en línea, el comercio electrónico o las videoconsultas médicas.

Esas y otras prácticas han generado un tirón en las inversiones en investigación y desarrollo (I+D) de ciertos sectores, en particular el de las tecnologías y la farmacia. En paralelo, grandes compañías en otras actividades, como el automóvil, la aeronáutica y la defensa, han reducido las suyas.

La OCDE está convencida de que a corto plazo los gobiernos van a continuar consagrando muchos esfuerzos a la búsqueda de soluciones científicas contra la pandemia y su impacto.

Pero muestra inquietud porque el nivel sin precedentes de deuda que han contraído los Estados, muy por encima del que tenían durante la crisis financiera global, podría acabar conduciendo a una severa restricción presupuestaria de la investigación, como ocurrió entonces.

Si la cantidad total de fondos disminuyera, teniendo en cuenta la prioridad que tiene ahora la salud, eso se traduciría en «un declive de recursos públicos» para otras áreas de innovación.

También está preocupada por la «precariedad» laboral de muchos científicos al comienzo de su carrera, que tienen en muchos casos contratos temporales de corta duración con pocas perspectivas de alcanzar un puesto académico permanente.

Una situación que corre el riesgo de agravarse ya que «más de la mitad» de los científicos que participaron en un estudio de la OCDE dijeron temer que la crisis afecte negativamente a sus condiciones laborales y a sus oportunidades de carrera, advierte la organización