La historia de una sociedad demasiado desinteresada para luchar por su libertad

La novela más conocida del escritor estadounidense Ray Bradbury nos presenta un mundo oscuro y sombrío. Un mundo en el que el entretenimiento y la apatía reinan por encima de la razón y la pasión. Un orden social que únicamente se ve amenazado por el que se ha convertido en su enemigo público número uno: los Libros. Es este mundo, uno en el cual la posesión y lectura de libros no está permitida bajo ningún concepto, el que nos presenta Fahrenheit 451.

Guy Montag pertenece a un escuadrón de bomberos. Su trabajo, sin embargo, no consiste en apagar incendios, sino en crearlos para destruir libros. Cada vez que suena la alarma, los bomberos se dirigen a su lugar de origen para incinerar hasta el último libro que allí se encuentre y luego arrestar a su dueño. En un principio, a Montag le causa una gran satisfacción cumplir con su trabajo, contemplar el papel deshacerse, deformarse con un crujido agónico y transformarse en cenizas. Sin embargo, un traumático suceso, en el cual una mujer escogió sacrificarse a las llamas antes que ver toda su biblioteca aniquilada, y una inesperada amistad con una chica de su barrio, sacuden profundamente su espíritu.

A partir de entonces la duda se siembra en la mente de Montag. Lo invade la noción de que tiene que haber algo en los libros como para impulsar a alguien a sufrir una muerte tan horrorosa en su nombre. Decide buscar a alguien que, por azares de la vida, Montag tenía la certeza de que poseía muchos libros. Esta persona, un viejo llamado Faber, le permite acceder a sus libros, y Montag experimenta de esa manera una transformación que lo pone en un conflicto moral respecto a su trabajo. Montag y Faber deciden poner en marcha un plan para exponer al público las maravillas de los libros y la insensatez de su prohibición. Este plan se desintegra pronto, cuando, acudiendo a una llamada de los bomberos, Montag descubre que la casa de donde esta viene es la suya, y que fue su esposa quien lo delató.

Montag es forzado por el jefe de los bomberos a quemar su propia casa, y con ella su biblioteca. Pero cuando está ya todo perdido, Montag decide rebelarse, y con el lanzallamas mata al bombero jefe y escapa de la escena. Los bomberos inician entonces una caza, de la cual Montag escapa a duras penas. Afuera de la ciudad, donde los bomberos no lo pueden encontrar, Montag conoce y se une a un grupo de fugitivos. Este grupo de personas se dedican a memorizar todos los libros que encuentren, para guardarlos así en la memoria y, eventualmente, volver a escribirlos un día.

Estamos acostumbrados a pensar que a la represión del pensamiento y la expresión usualmente corresponde una respuesta, un desafío por parte de las personas oprimidas. No es el caso del mundo de Fahrenheit 451. En este caso fue la indiferencia, la apatía la que permitió que los libros vayan desapareciendo poco a poco. La gente se fue distanciando de los libros hasta que estos se volvieron irrelevantes, y ninguna voz se alzó cuando fueron prohibidos.

Fahrenheit 451 es una advertencia contra la apatía y la indiferencia. Nos advierte que mientras más descuidemos algo que valoramos, más difícil se vuelve recuperarlo. Esta historia, la de una sociedad demasiado desinteresada para luchar por su libertad es una que debemos cuidarnos de no repetir si no queremos ser partícipes de nuestra propia destrucción.