El filósofo, sociólogo y escritor francés Fréderic Lenoir, que reflexiona sobre las ganas de vivir en su última novela, «La voz del ángel», considera que «la pandemia nos ha enseñado a tener conciencia de que no debemos vivir como autómatas».

En «La voz del ángel» (Grijalbo), coinciden en una aséptica habitación de hospital Hugo, un joven desesperado que ha intentado suicidarse, y Blanche, una anciana serena y positiva que no quiere seguir luchando contra la enfermedad que padece desde hace años.

Aunque no parece que tengan nada en común, a medida que pasa el tiempo surge entre ellos una relación reconfortante e inspiradora.

«Escribí esta novela mucho antes de la pandemia de COVID-19, pero muchas cosas que se dicen corresponden a lo que vivimos hoy», ha explicado Lenoir en una entrevista con EFE.

Remarca Lenoir que «hay personas que han hecho introspección durante el confinamiento, se están preguntando si tenemos que seguir viviendo y consumiendo como antes, son conscientes de que estamos destruyendo los ecosistemas, la biodiversidad, así que aparecen nuevos virus, gente que descubre que con el teletrabajo tiene más tiempo con la familia».

Han descubierto, añade, que «no se trata solo de vivir como autómatas, de levantarte, ir a trabajar y dormir, sino que en la vida también hay cosas que nos motivan y, de hecho, muchos se han trasladado después del primer confinamiento al campo, porque se han dado cuenta que es mucho más humano».

El elemento positivo que Lenoir extrae de la crisis actual es que «nos hace reflexionar sobre nuestros valores, nuestras prioridades, algo que también está presente en la novela».

La lección que pueden extraer las personas que viven con angustia la pandemia es que «la felicidad está en nuestro interior» y recuerda que algunas personas viven la pandemia con «terror, pánico, angustia y miedo, y mirando las noticias alimentan ese miedo y les hace sentirse muy desgraciados».

Sin embargo, hay otras personas que piensan que este desafío se puede convertir en algo más positivo y se toman más tiempo para reflexionar o hacer actividades para las que no tienen tiempo, como leer libros.

Como filósofo, Lenoir, que ha vendido más de siete millones de ejemplares en todo el mundo de sus obras, piensa que «la filosofía nos ayuda a desarrollar un espíritu crítico, algo fundamental en el mundo actual plagado de falsas noticias y teorías de la conspiración, porque ayuda a discernir entre lo verdadero y lo falso».

Piensa Lenoir que «la crisis sanitaria es consecuencia de la crisis ecológica: La destrucción de la biodiversidad y de los bosques hace que tengamos un vínculo cada vez más difícil con animales que nos transmiten virus, y hemos de cambiar nuestro comportamiento para no amplificar la crisis ecológica que va a conllevar otras crisis sanitarias. Ese es el gran desafío del siglo XXI y de la historia de la Humanidad».

Como decía Sócrates, «la causa de todos los males es la ignorancia y por eso el espíritu crítico es más necesario».

Hace tiempo que Lenoir quería escribir una especie de «testamento filosófico y espiritual» sobre las cosas en las que cree y pensó que una novela daba mayor libertad y eligió dos personajes, «una persona mayor que transmite a una más joven lo que es más importante para ella».

Así nació ese «encuentro improbable entre Blanche, que cree que la vida tiene un sentido aunque vaya a morir pronto, y el joven Hugo, que ya no cree en la vida después de una tentativa de suicidio».

Señala el autor que «La voz del ángel» es «una novela sobre las ganas de vivir, de darle a alguien unas ganas de vivir cuando ha perdido toda la ilusión», un mensaje necesario por que la tasa de suicidios es elevada entre la juventud.

La novela va dirigida a esa juventud desengañada, apunta Lenoir, que tiene «la sensación de que todo lo que el mundo adulto les propone es algo poco satisfactorio, lo que les produce tristeza y abatimiento, a pesar de que tienen una conciencia elevada de los problemas ecológicos y del respeto a los animales y la naturaleza».

Insiste Lenoir en que no se trata de una novela sobre el suicidio: «Abordo este tema por que es una realidad y justamente por ser un tabú, pero la novela es un libro «muy positivo», que habla de alguien que no quiere vivir, pero que va a encontrar nuevamente ese gusto por la vida gracias a alguien que le dice que ha pasado por momentos muy difíciles pero que a pesar de eso adora la vida».

Lenoir construye una especie de «alquimia» entre ambos personajes antagónicos, Hugo más «materialista y centrado en la ciencia», y Blanche, una persona «más espiritual, más centrada en la filosofía».

El propio autor, parafraseando a Flaubert, confiesa: «Blanche c’est moi».

Preguntado por el terrorismo islámico en Francia, admite Lenoir que es un debate muy complejo: «Por un lado, las caricaturas (de Mahoma) provocan la reacción de muchos creyentes y genera tensión con la comunidad musulmana, y por otra parte, la identidad francesa se ha construido sobre la base de la crítica a la religión».

A título personal, Lenoir no mostraría las caricaturas porque «no aportan nada», pero al mismo tiempo cree que «no deben prohibirse».