Es imprescindible partir del hecho abstracto, histórico, pero a la vez concreto, de que toda sociedad o comunidad humana necesita un orden, tiene un orden, se da un orden; una organización social para poder sobrevivir en el tiempo, modernamente a esta constatación y necesidad humana y política, se le ha llamado orden social.

Así, desde las gens o comunidad primitiva se organizaban en torno al mejor cazador, se cuidaban entre ellos, se protegían de las bestias y animales grandes para poder sobrevivir. Uno o dos individuos solos no podían sobrevivir, sólo en comunidad el hombre como especie pudo sobrevivir, esto es un hecho probado (quizá por eso Marx se basa o empieza en la comunidad primitiva para fundamentar que el hombre es un ser social o comunitario). Bien, así en todo tiempo y lugar tuvo que haber entonces un modo de organización social, el Esclavismo, el Feudalismo, el Capitalismo Industrial.

El derecho es un indicador o variable muy práctico que muestra crudamente cómo se organiza una sociedad contemporáneamente. La ex-URSS, China, la India, Estados Unidos, Noruega, Uruguay y Bolivia tienen su propio sistema jurídico, su Constitución, códigos, leyes, etcétera, que muestran cómo se organiza la vida social, política y cultural en cada país.

Es obvio, aunque para algunos no tanto, que esas constituciones políticas, leyes y todo tipo de normas jurídico administrativas son producto de una concepción del mundo, de una visión de cómo se entiende y se quiere que sea el mundo social o país en el que se vive. Entonces, como se sabe, en la ex-URSS y en la China de hoy, por ejemplo, hay un solo partido político, el Partido Comunista Chino, en el caso de China, y este partido es el que produce las normas jurídicas en ese país.

Exactamente lo mismo ocurre en EEUU, Francia, Gran Bretaña o cualquier país libre donde el liberalismo está vigente en esos países, las constituciones y leyes que se dieron son liberales; es decir, básicamente hay libertad de empresa y libertad política, y todo el sistema jurídico refleja esa visión del mundo. Sus normas jurídicas están hechas para que se produzcan y reproduzcan en el tiempo el libre mercado, la libre oferta y demanda y la libertad de ideas políticas.

Por eso es que los empresarios de éste o cualquier país no pueden decir “yo vivo de mi trabajo y no me interesa la política”. No hay nada más ingenuo que decir y “pensar” en eso. Ya Aristóteles se dio cuenta y lo dijo hace más de dos mil años, “el hombre es un animal político”, determinando que el hombre no puede ser concebido por fuera del Estado sencillamente porque lo político y jurídico atraviesan toda la vida social y, por tanto, a todos los hombres.

Quién puede vivir por fuera de un Estado y sus normas Robinson Crusoe. Como hemos visto, hasta las comunidades indígenas no contactadas de la Amazonia tienen una organización social; y la producción de una organización social, cualquiera sea ésta, es una función política producida por la sociedad civil. En suma, no participar en política o creer que la política y el Estado no afectan las vidas individuales y, peor aún, las empresas privadas, es un absurdo en todos los términos; es no comprender el mundo en que se vive y además, claramente, es un suicidio económico, social, cultural y político, más o menos lento pero seguro.

Dado que en toda sociedad siempre hay relaciones de fuerzas, distintos intereses en juego, y el vacío de poder no existe, alguien tomó y tomará ese poder que no fue ejercido como debiera por el empresariado boliviano.

Mientras el empresario tenga la mentalidad de creer que su interés e impacto es netamente personal perecerá de forma natural, como lo hicieron otros grupos representativos de la sociedad; pero si el empresariado, aunque teniendo un interés personal, pero de forma que éste no contravenga ni afecte a la comunidad, actúa como un agente de impacto, la misma sociedad irá teniendo cambios. El empresariado boliviano debe darse cuenta que es parte esencial de la nueva Bolivia que se está forjando.