José Saramago advierte que tendría que suceder un cataclismo parecido al de la balsa de piedra para exponer el lado autodestructivo de la humanidad.

El final de un año inevitablemente trae consigo reflexiones sobre el año que termina. Este, sin duda uno de los años más peculiares de los últimos tiempos, no es una excepción, sino un ejemplo especial. Ver a la totalidad de la población humana abrumada e impotente ante una amenaza desconocida e impredecible expuso muchos de los problemas subyacentes en el estilo de vida globalizado en que vivimos. Además, puso a prueba nuestra fuerza de voluntad de maneras que no pensábamos posibles. El desarrollo y las consecuencias de la pandemia han generado incontables paralelismos con diversas obras de ficción, que, según la interpretación, habrían intentado predecir escenarios similares al creado por esta. De entre estas comparaciones, la que vuelve constantemente a mi cabeza cuando leo las noticias es la obra del escritor portugués José Saramago.

Desde un principio me pareció estar inmerso en el argumento de alguna de las novelas de este escritor. Sobre todo cuando la cuarentena era total en varios países y las ciudades más importantes del mundo estaban completamente vacías. A su obra la caracterizan escenarios en los que una conmoción de alcance internacional obliga a la sociedad a reconsiderar la solidez de sus principios y al individuo a reinventarse y readaptarse frente a lo desconocido.

Las novelas de Saramago

La novela más conocida de Saramago, titulada “Ensayo sobre la ceguera”, nos ofrece el escalofriante panorama de una sociedad trastornada por la propagación de una ceguera contagiosa. Cuando la totalidad de la población se queda ciega, (con la única excepción de la protagonista), se generaliza el pánico. El caos que naturalmente sigue, junto con la ineptitud de las medidas tomadas por el gobierno y el triunfo del egoísmo al momento de velar por los demás, sacan a la luz los elementos más siniestros y vergonzosos del orden social y la naturaleza humana.

En otra de sus novelas, “La balsa de piedra”, la península ibérica se separa espontáneamente del resto de Europa. Convertida súbitamente en una isla, y dirigida en un curso de colisión hacia Norteamérica, el caos extiende poco a poco su reino. Mientras los gobiernos de España y Portugal intentan en vano mantener la calma, la población ibérica se ve forzada a reconsiderar su identidad; ¿Siguen siendo europeos ahora que están separados de Europa? Y si no es así, ¿Qué son ahora? ¿Acaso importa? Al fin y al cabo, dentro de poco Iberia, su balsa de piedra, va a chocar con otro continente y dejar de existir.

No es exagerado decir que, en la obra de Saramago, cualquier parecido con la coincidencia es pura realidad. Sin embargo, no creo que su intención fuese predecir con los argumentos de sus novelas la situación en la que nos encontramos actualmente. Lo que busca es advertir que tendría que suceder un cataclismo parecido para exponer el lado autodestructivo de la humanidad que estas denuncian. Pero hay un aspecto positivo en todo esto, un resquicio de esperanza. Y nos lo da el mismo Saramago. En “Ensayo sobre la ceguera”, la contagiosa ceguera que toma al mundo por sorpresa desaparece repentinamente más rápido de lo que se expandió. Y en “La balsa de piedra”, la península se detiene súbitamente poco antes de la fatal colisión, quedando a salvo todos sus habitantes.

No es realista esperar que la pandemia que marcó nuestra propia novela de Saramago desaparezca de pronto como la ceguera. Sin embargo, podemos consolarnos con la esperanza de que la vacuna sea el final del viaje de nuestra triste balsa de piedra