A pesar de haber desaparecido, el legado de esta enorme librería está tan vivo hoy como en sus días de apogeo

Mientras que Europa estaba sumida en la edad oscura de la razón, del otro lado del mediterráneo la edad de oro de la filosofía y la ciencia islámicas estaba en pleno apogeo. Esta fue una época de gran proliferación científica a la que debemos gran parte de nuestro conocimiento actual, y su mayor símbolo fue “La casa de la sabiduría” de Bagdad.

Ningún rastro queda actualmente de lo que fue esta increíble academia y librería. Sin embargo, sus aportes a la ciencia y la filosofía son invaluables, y siguen dando forma al mundo en el que vivimos hoy

Orígenes

La ciudad de Bagdad era entonces la ciudad más poblada del mundo, y la capital del califato abasí. Era además una ciudad multicultural, caracterizada la libertad de expresión de la que disfrutaban sus habitantes.

Es en esta fantástica ciudad donde nacería la casa de la sabiduría, a partir de la colección literaria privada del califa Al-Mansur. Este la haría accesible para académicos venidos de todas partes del mundo, y la librería creció rápidamente hasta convertirse en uno de los mayores centros escolares y académicos del mundo.

El movimiento traductor

Una de las actividades más importantes que se desarrolló en la casa de la sabiduría fue la traducción. Filósofos, académicos e intelectuales se dedicaron durante siglos a traducir al árabe textos griegos, persas, sánscritos, y chinos. Iniciado bajo el tutelaje del califa Al-Mamun, este movimiento pasaría a ser llamado “El movimiento traductor”.

Estas traducciones preservaron textos esenciales del mundo clásico que de otra manera habría desaparecido en las arenas del tiempo. Obras fundamentales como la de Platón y Aristóteles han sobrevivido gracias al movimiento traductor llevado a cabo en la casa de la sabiduría.

Los números “árabes”

La increíble librería también fue responsable de enormes avances en las matemáticas. Científicos y pensadores venidos de la India trajeron consigo un sistema numérico novedoso. Este era mucho más eficiente que el sistema romano, predominante hasta entonces. A través de los académicos de la casa de la sabiduría, este sistema se esparció por todo el mundo musulmán, y de allí a Europa. Tanto se asimilaron estos números en el ámbito científico del mundo musulmán, que pasarían a ser llamados “Números árabes”.

Por otro lado, el astrónomo Mohamed Ibn Musa Al-Jwarizmi, educado en la casa de la sabiduría, publicó en el siglo IX el libro “Kitab Al-Jabr”. Este libro, reuniría los principios esenciales del álgebra, que tendría una influencia incalculable en las matemáticas durante más de un milenio. El nombre mismo del álgebra proviene de “Al-Jabr”, que significa “reunión de partes rotas”. Al-Jwarizmi se convertiría en el librero jefe de la enorme academia, y es allí donde realizaría sus importantes trabajos matemáticos.

La magnífica librería y academia sería destruida en 1258, cuando los ejércitos mongoles arrasaron con la ciudad de Bagdad. La leyenda dice que se arrojaron tantos libros al río Tigris, que sus aguas se volvieron negras por la tinta. Llegaba así el final de la edad de oro de la ciencia musulmana.

Sin embargo, el legado de este magnífico palacio del saber está tan vivo hoy como en sus días de apogeo. Sin sus traducciones de textos clásicos y sus aportes a la ciencia, el mundo sería hoy un lugar muy distinto. Cada vez que utilizamos un número “árabe” para una operación matemática, cada vez que un adolescente aprende álgebra en el colegio, y cada vez que alguien lee a Platón y a Aristóteles, es gracias al trabajo de incontables pensadores y científicos que tuvieron como hogar intelectual a la casa de la sabiduría de Bagdad.