Ante la necesidad de sentirse oprimido, los discursos y narrativas incendiarias son siempre peligrosos, y van de la mano con el extremismo ideológico y político.

Con frecuencia me siento asombrado por las astucias a las que recurren la ignorancia y el extremismo ideológico para justificarse. El razonamiento circular característico de las ideas extremas o irracionales me parece uno de los fenómenos más intrigantes de la psicología humana. En ocasiones son hasta risibles si no tuviera consecuencias reales y casi siempre negativas para nuestra sociedad.

El razonamiento circular

Un buen ejemplo de esto es el genocidio armenio que se dio durante la primera guerra mundial. Turquía, que entonces era el imperio otomano, utilizó a la población armenia como chivo expiatorio luego de unas estrepitosas derrotas militares. Bajo el falso pretexto de una conspiración, los otomanos mataron sistemáticamente a más de un millón de armenios en campos de concentración y en largas marchas forzadas a través del desierto sirio.

Un ejemplo cercano de razonamiento circular, es la falsa narrativa del MAS de que un golpe de estado los sacó del poder en 2019. Evo y sus militantes dicen que su único pecado es ser indígena, y que fue expulsado porque los intereses económicos de la derecha boliviana  y de Estados Unidos (que siempre está detrás de sus fracasos) no se alineaban con sus políticas de reivindicación de los derechos de los indígenas.

La implicación es que a Evo lo sacaron a la fuerza por ser indígena y porque otorgó a estos su bien merecida representación política. Debido a eso, quedarían justificados sus incontables atropellos a las instituciones democráticas del país.

La realidad, por supuesto, es que estos atropellos fueron la causa de que el país demandara su renuncia. Sin embargo, sin la narrativa del golpe y de la conspiración en contra suya, sus aspiraciones dictatoriales quedarían al descubierto, a pesar de sus innegables logros para las comunidades indígenas del occidente. La supuesta opresión, en la forma del falso golpe de estado, se convierte en una parte esencial del argumento del MAS.

La necesidad de sentirse oprimido: estrategia antigua

La característica más notable entre los dos ejemplos anteriores es un fenómeno presente en nuestros tiempos, y materia prima para la demagogia: la necesidad de sentirse oprimido. Esta es la actitud según la cual un sector ideológico, político, o cultural de la sociedad se esfuerza por presentarse ante el mundo como un grupo perseguido, o censurado, en un esfuerzo por legitimar o impulsar su ideología o su política. En efecto, esta estrategia es una de las más antiguas utilizadas por demagogos y dictadores.

Decirse oprimido o perseguido es una manera de dar legitimidad a la narrativa que se busca impulsar, o la ideología que se busca implementar, a través de la implicación de que si al poder o a la autoridad no le gusta lo que digo es porque tengo razón y eso lo incomoda.

Es lo que permitió al imperio otomano masacrar a más de un millón de armenios bajo la excusa de una conspiración que nunca existió. Es también lo que permite al MAS atentar contra la democracia del país con el argumento de un golpe de estado que nunca sucedió. Ambos ejemplos tienen, naturalmente, contextos infinitamente diferentes, pero la lógica vacía y fácilmente explotable es la misma.

La opresión como justificativo

A diferencia de los ejemplos anteriores, hay casos en los que la misma lógica de la opresión como excusa o justificativo se aplica de una manera mucho más sutil y pasa desapercibida. Es el caso del oriente boliviano; habiendo vivido toda mi vida en Santa Cruz, me tocó darme cuenta de que muchas veces la línea que divide el orgullo por la cultura cruceña o camba y el racismo o el rechazo, aunque sea inconsciente, es muy delgada y a veces inexistente. De esa manera, Santa cruz es orgullosamente una próspera tierra de inmigrantes, a la vez que su cultura, sus tradiciones y, sobre todo, su gente, se ve amenazada por esos migrantes de los que supuestamente se enorgullece tanto. Así pues, el racismo se pone la máscara de la preservación cultural y se vuelve socialmente aceptable.

El “factor de la opresión”

Alrededor del mundo hay una infinidad de causas justas que son duramente reprimidas. El problema con los grupos que utilizan el argumento de la opresión a su favor, es que las quejas tienen cierto nivel de validez. Es cierto, por ejemplo, que en las últimas décadas el MAS ha tenido una política agresiva hacia los departamentos del oriente boliviano. Bajo esta retórica, la agresividad se convierte en una justificación (en este caso del racismo) e incluso en una necesidad. Quedando los argumentos vacíos una vez se pierde el “factor de la opresión”, restando relevancia a la veracidad de sus alegaciones.

Los discursos y narrativas incendiarias son siempre peligrosos, y van de la mano con el extremismo ideológico y político. Si queremos tener un país más próspero y más sabio, hay que admitir que la maldad nunca está justificada. Caer en el revanchismo es hundir aún más a nuestro país y a nosotros mismos en la desesperanza y la inestabilidad.