La oposición venezolana ve como, con la proximidad de las elecciones legislativas del 6 de diciembre, se alejan decenas de sueños y se pierden en el recuerdo las promesas incumplidas que han puesto en entredicho la credibilidad de Juan Guaidó, cuya figura está rodeada de incógnitas que quedarán despejadas con la instalación del nuevo Parlamento el 5 de enero.

Si bien Guaidó insiste en que la Asamblea Nacional (AN, Parlamento), cuya presidencia ostenta, «seguirá firme» hasta que haya «elecciones libres», se topará con una realidad bien distinta: el chavismo habrá vuelto a ocupar los curules y la oposición quedará definitivamente desplazada y sin altavoz ni instituciones públicas a su cargo.

Pero, ¿cuáles son las opciones reales con las que contará el dirigente opositor una vez que el chavismo recupere, irremediablemente, el bastón parlamentario y vuelva a tener en su poder todas las instituciones?

¿CONTINUIDAD O RETIRADA DEL RESPALDO INTERNACIONAL?

La mayoría de los más de 50 países que reconocieron a Guaidó como presidente encargado de Venezuela en enero de 2019 lo hicieron aludiendo a las razones constitucionales que el propio opositor adoptó para erigirse mandatario partiendo de su cargo al frente del Parlamento.

La vigencia de tal mandato era de 30 días, pero 21 meses después se aferra a un sillón presidencial ficticio, argumentando que el Gobierno de Nicolás Maduro es ilegítimo, pese a ser reconocido por más de 135 naciones frente a los más de 50 países que le brindaron a Guaidó su respaldo.

A partir del 5 de enero, los gobiernos que lo apoyaron en enero de 2019 y no renovaron su confianza, al menos de manera pública, tendrán que dar un paso al frente y manifestarse al respecto, aunque dichos apoyos o rechazos no sean vinculantes y carezcan de valor práctico.

¿CUÁL SERÁ LA POSTURA DEL NUEVO GOBIERNO DE EEUU?

El mayor espaldarazo que recibió Guaidó en 2019 llegó de la mano de Donald Trump, quien traspasará la Presidencia estadounidense a Joe Biden el día 20 de enero, fecha en la que el dirigente opositor venezolano perderá a su más fiel mecenas.

Y aunque Guaidó, sabedor de que pierde su mayor apoyo, confía en que el nuevo mandatario de EEUU dé continuidad al legado del presidente saliente en la defensa de la oposición de Venezuela y el rechazo a las políticas del Gobierno de Nicolás Maduro.

Sin embargo, por el momento, Biden no se manifestó al respecto ni hizo siquiera un guiño cómplice a Guaidó, que lo espera como una señal de que el gigante norteamericano le seguirá dando el oxígeno suficiente para seguir defendiendo su mandato interino en Venezuela, pese a que, en la práctica, no tiene capacidad de maniobra.

¿APOYO POPULAR?

Si hay algo indiscutible es que Guaidó contó con el respaldo de millones de venezolanos que depositaron en sus manos la confianza y la esperanza, ante las reiteradas promesas de un cambio político en el país en tiempo récord.

Pero la popularidad del opositor descendió de manera proporcional al incumplimiento de compromisos adquiridos con un pueblo exigente y sediento de progreso, y la desconfianza se fue incrementando hasta un punto sin retorno.

Los mismos nombres que otrora defendían con uñas y dientes a su «presidente» hoy descargan su ira, sobre todo, a través de redes sociales, donde se desahogan con saña y piden explicaciones que, parece, nunca llegarán.

Los opositores tradicionales continúan siéndolo, pero, ¿cuántos siguen brindando su apoyo a Guaidó? Si bien la pregunta tiene difícil respuesta de modo preciso, es claro que las manifestaciones de gran parte de antichavistas están cargadas de ira hacia quien, consideran, los ha engañado.

¿SE ESFUMA LA OPCIÓN DE DIÁLOGO?

El Gobierno venezolano y la oposición intentaron, con el apoyo de mediadores nacionales e internacionales, llevar a cabo un diálogo de país para acercar posturas y lograr acuerdos entre la clase política en beneficio de un pueblo extremadamente polarizado, y con el objetivo de derribar barreras que impiden cualquier negociación.

El proceso vivió momentos más o menos tensos, retiradas de una y otra parte para posteriormente retomar de nuevo un diálogo imposible en el que nadie esta dispuesto a ceder.

A pesar de todo, la comunidad internacional no ha perdido la esperanza de que los problemas de Venezuela se resuelvan en un futuro cercano a través de la palabra, pero la opción se antoja harto complicada.

Y si hasta ahora la pelota estaba en el tejado de ambas partes, tras el 5 de enero el balón lo tendrá el Gobierno, mientras que la oposición, cada vez con menos poder, apenas contará con una bola que se desgasta con el paso de los días. ¿Cederá el Ejecutivo para sentarse, una vez más, con la debilitada oposición?

PRESIDENTE SIN PAÍS, LEGISLADOR SIN PARLAMENTO

Oficialmente, aun validando el mandato interino de Guaidó, este finalizó el 1 de abril de 2019, es decir, 30 días después de haberlo asumido, que es el plazo que contempla la Constitución venezolana para este tipo de gobierno eventual.

Sin embargo, el opositor lo prolongó de motu propio al considerar que Nicolás Maduro es un presidente ilegítimo y que actúa al margen de la Carta Magna, por lo que, a juzgar por la manera de proceder de Guaidó y de aferrarse al mandato constitucional, ni el chavista ni él podrían presidir el país.

Pero la realidad es bien distinta: Maduro lidera un Ejecutivo con instituciones, Fuerzas Armadas y poder de ejecución. Sin embargo, Guaidó asegura gestionar un «gobierno interino» sin atribuciones ni poder de mando sobre ninguna institución. A partir del 5 de enero, tampoco tendrá voz ni voto en el Parlamento, ya que pasará a manos del chavismo, por más que trate de aferrarse a un escaño ficticio.

¿En qué lugar quedará, entonces, el rey sin reino?