Tardes de tango, rumba o swing vividas por la burguesía hongkonesa en catorce salones de baile, donde clientas de avanzada edad asisten asiduamente a practicar estas modalidades con jóvenes, han derivado, en puertas de la Navidad, en una grave cuarta oleada de contagios por coronavirus en Hong Kong.

La noticia de este resurgimiento ha sacudido a la alta sociedad hongkonesa, cuyos miembros, adinerados y poderosos, han continuado reuniéndose los últimos meses a pesar de las estrictas restricciones vigentes.

El prestigioso Club de Hong Kong, clubes de golf, el hipódromo o restaurantes con estrellas Michelin son algunos de los lugares frecuentados por esta élite, que han sido precisamente el foco de este rebrote.

«Estos clubes de baile, que nada tienen que ver con discotecas, tienen apariencia de restaurantes y son espacios sociales a los que asisten principalmente las ‘tai tai’ (un término cantonés que sirve para designar a las ‘señoras de’)», cuenta a Efe la propietaria de un centro deportivo y clienta uno de estos salones, y que prefiere mantenerse en el anonimato.

«Aprenden salsa, bailes de salón y otras variedades de la mano de profesores más jóvenes, lo que implica un contacto muy cercano -explica-. Habitualmente, la mayoría no usa mascarilla».

Las «tai tai» son un fenómeno relativamente reciente en esta parte del mundo, gracias al rápido crecimiento económico de las últimas décadas, mientras que las parejas de baile -especulan en algunos foros de internet locales- serían «patos», traducción al español de una forma eufemística china para referirse a los gigolós.

Tras darse a conocer que el paciente cero de este rebrote era una de estas «tai tai», que había asistido a uno de esos salones, no tardaron en publicarse en redes sociales vídeos y un listado con los nombres y apellidos de cada una de las bailarinas junto a los cargos y empresas de sus maridos.

NUEVAS MEDIDAS ANTIPANDÉMICAS

A pesar de que la ciudad semiautónoma ha mantenido las prohibiciones de las reuniones de grandes grupos durante buena parte del año y ha suspendido la actividad de algunos sectores económicos cuando los casos se han disparado, en los últimos días las cifras de nuevos contagios han vuelto a rondar (e incluso superar) el centenar diario, lo que ha disparado las alarmas.

Las medidas adoptadas han ayudado a mantener las infecciones totales desde el inicio de la pandemia en 6.499 (a fecha de 3 de diciembre) en esta ciudad de 7,5 millones de habitantes, en la que 110 personas han sucumbido a la covid-19, según los datos oficiales.

Con todo, esa cifra de contagios es muy superior a la de cualquier otra de las grandes ciudades chinas, salvo Wuhan, donde comenzó la pandemia.

Ahora, las autoridades han anunciado una nueva batería de medidas: cierre de escuelas hasta el próximo año, limitación a dos comensales por mesa o el cierre de locales de ocio nocturno.

Además, para hacer frente a este nuevo resurgimiento, la Policía local ha puesto en marcha una línea telefónica para que los residentes de la ciudad informen anónimamente sobre cualquier persona que infrinja alguna de las medidas en vigor.

Esta medida -critican algunos residentes- resulta similar a los métodos de vigilancia utilizados en la China continental, y que podría desembocar en ajustes de cuentas políticos o personales por parte de individuos malintencionados.

MEDIDAS INSOSTENIBLES EN EL TIEMPO

El experto en enfermedades infecciosas de la Universidad de Hong Kong Ben Cowling aseguró a Efe que la llegada de esta cuarta oleada era previsible debido a que no es viable mantener medidas como la distancia de seguridad por mucho tiempo.

«Es necesario relajarlas cuando el número de casos sea bajo, pero entonces tenemos que estar preparados para ver un repunte imprevisto y rápido de las infecciones. Probablemente estemos abocados a seguir la estrategia de ‘suprimir y aumentar’ las medidas de control durante mucho tiempo», indica Cowling.

Con el fin de ayudar a la ciudad semiautónoma a salir de este círculo pandémico, el experto considera que la mejor estrategia es prevenir la proliferación de eventos, y apuesta por el teletrabajo siempre que sea posible y la prohibición de reuniones multitudinarias.

Otro sector frustrado por la reacción del Gobierno son los padres, que han soportado hasta tres rondas de cierre de los centros educativos este año.

«En otros países con mayor incidencia, la prioridad es mantener las escuelas abiertas. Estamos considerando buscar activamente trabajo en Europa, mis hijos no pueden perder su derecho fundamental a recibir una educación como Dios manda», lamenta Silvia López, una española madre de dos niños y que reside en la ciudad hace 8 años.

«Mientras tanto -dice-, hemos abierto varias plataformas de recogida de firmas para tratar de frenar esta situación».

Por su parte, Chris Thomson, un profesor de secundaria de la excolonia británica, califica de «injusto, inmoral y vergonzoso el hecho de verse obligados a quedarse en casa y enseñar a distancia por culpa de que un grupo de mujeres que violaran las reglas antiepidémicas».