Han pasado justo 39 años de la guerra y en cada pueblo de Argentina, por pequeño que sea, todavía hay al menos una pared pintada con la intrincada silueta de unas islas cuya superficie está rellenada con la bandera argentina. Bajo cada grafiti, un lema: «Las Malvinas son Argentinas».

Aunque perdieran aquella contienda y la administración de las Islas Malvinas, en el Atlántico Sur, continúe a cargo del Reino Unido, la memoria colectiva del país austral no olvida aquellos días confusos de 1982, como comenta a Efe el secretario de Malvinas del Gobierno argentino, Daniel Filmus.

RECUERDO PERMANENTE

«Para nosotros el día 2 de abril es un día de reconocimiento, es un día de homenaje, es un día donde todos los argentinos tenemos en la memoria permanentemente a quienes combatieron en la guerra, a quienes cayeron allí en las islas y a quienes volvieron al continente», indica Filmus.

Ese 2 de abril, la dictadura argentina (1976-1983), encabezada por el teniente general Leopoldo Galtieri, decidió iniciar los movimientos sobre Malvinas, conocidas como Falkland Islands en inglés, en una causa histórica que el pueblo argentino apoyó en las calles.

Esa misma dictadura fue la que dejó 30.000 detenidos desaparecidos entre sus compatriotas opositores, según los cálculos de diversas organizaciones de derechos humanos, y a día de hoy muchos cuerpos siguen sin haber sido encontrados -se sabe que centenares de ellos fueron arrojados al mar en los llamados «vuelos de la muerte»-.

La represión de la dictadura esos años la vivió Filmus, que pertenece a la quinta de los soldados de Malvinas y asegura que tres días antes del inicio de la guerra participó en una manifestación reprimida por las autoridades en Buenos Aires.

«La dictadura inicia la operación en un momento en el que intenta utilizar el sentimiento nacional para tratar de perpetuarse en el Gobierno, para tratar de tener un liderazgo (…). La verdad que la sociedad argentina, que quería en aquel momento tirar abajo la dictadura, de repente se vio convulsionada», afirma el miembro del actual Gobierno argentino.

SOBREVIVIR A LA GUERRA

Las expectativas de victoria proclamadas en los primeros días de guerra por la Junta Militar argentina se tornaron en derrota sin paliativos cuando llegó la respuesta británica, bando en el cual fallecieron 255 soldados, a los que se deben sumar tres fallecidos naturales de las Malvinas.

Cuenta Filmus que todos los excombatientes «llevan sobre sus cuerpos y sus mentes el honor pero también las huellas de haber estado en la guerra» -su Gobierno propuso esta semana tres leyes que pretenden favorecer a los veteranos-.

Las hostilidades militares, que duraron dos meses hasta la victoria británica, dejó en el bando argentino 649 muertes, pero multitud de excombatientes se suicidaron a lo largo de los años, sin que haya datos oficiales que indiquen cuántas personas se quitaron la vida.

Precisamente, sobre una de esas turbulentas vidas trataba la película «Iluminados por el fuego» (Tristán Bauer, 2005), cuyo guión estuvo a cargo del veterano de Malvinas Edgardo Esteban, quien posteriormente ha sido periodista para varios medios internacionales y que expresa a Efe que t,ras su paso por el conflicto bélico, está «siempre a favor de la paz, nunca de la guerra».

A día de hoy considera que los combatientes de ambos bandos fueron víctimas de «quizás especulaciones políticas» tanto de la Junta Militar como de la entonces primera ministra británica Margaret Thatcher.

EL RECLAMO DE SOBERANÍA, ACTIVO

«Como cada año cuando llega el aniversario, uno tiene los recuerdos ya de lo que pasó hace 39 años atrás, pero bueno, mirando hacia el presente y hacia el futuro», asevera Esteban, quien fue prisionero de guerra.

Para ese futuro y con la soberanía del archipiélago aún en juego, Esteban considera que Argentina debe «exigir al Reino Unido un diálogo», debido a que la causa de las Malvinas es «una línea transversal que cruza a todo el pueblo argentino».

Y ahí aparecen las pintadas con esa enrevesada forma de Malvinas, pero siempre con una bandera argentina como manto.

«No hay pueblo por pequeño que sea que no tenga un monumento que simbolice la guerra y los soldados caídos», recuerda Esteban.