Este es el inicio de una historia que quizás no escribamos juntos, pero que sí podemos compartir. Se trata de lo que hago y que muchas veces confundo con lo que soy, ¿no les pasa?
Tenemos largo camino por recorrer, así que, ¿por qué no comenzamos con la tarea de ser mamá? Me parece la más relevante de todas las otras labores que desempeño.

El día empieza con el despertador, cuando suena a las 4:30 am. Desde hace unas semanas me estoy permitiendo dormir media hora más y, para ser honesta, no todos los días me levanto de inmediato. La alarma suena cada 5 minutos y cuando ya ha pasado la tercera o cuarta vez comienza mi rutina.
¿Cuánto más temprano se puede levantar alguien para que el tiempo le alcance y le permita cumplir con toda la lista de pendientes? (Ah, ¿no hacen listas? A mí me están funcionando de maravillas…) Pero insisto, ¿se podrá conseguir más levantándose aún más temprano?
En fin, después de posponer la alarma e intentar dormir un poquito más, salto de la cama y voy hablando con Dios mientras veo que Agustina también se levanta. Ha decidido, y lo agradezco, ser mi compañera; así que mientras me baño ella hace el café, obviamente eso incluye una buena charla como combo del desayuno de madrugada, lo que significa que termino corriendo para el trabajo porque, les aseguro, no hay forma de cortarle la charla. Agustina puede hablar para siempre y ahí entra mi corazón de madre que se deshace y se muere de la pena si la callo.
El café a medio camino ya va tibio; entre camerinos, micrófonos, sonos, pantallas e invitados se me fue toda la mañana y entonces me doy cuenta que ya debo salir corriendo a recoger a Cristián, porque como es el bebé de la casa sale más temprano que sus hermanos. El timbre suena a las doce en punto, diez minutos después yo recién estoy saliendo del canal y voy todo el camino imaginando miles de situaciones: que si la tía del Kinder ya se fue, que si está sólo esperando, que no tardan en llamar para pedirme que lo busque, que si se irá a traumar por mis llegadas tarde… Entonces llego y como todos los días está ahí, casi mojado de pies a cabeza por todo lo que ha corrido jugando mientras me espera. Entre todo el correteo y los juegos no se enteró que llegué tarde y me saluda con esa sonrisa pícara que me llena la vida. Da dos vueltas más, recoge la mochila y nos vamos. Hace un año y medio me viene diciendo que lo que aprendió en clases es el abecedario, pero extrañamente todos los días hay una nueva aventura en el parque. Ya dejó de frustrarme que no me cuente lo que pasa en el aula porque al final lo observo en casa, escucho lo que tiene para contar y me voy dando cuenta qué de nuevo aprendió hoy. Ah, pero fue todo un proceso, ¿les pasa también? ¿O soy la única impaciente? De a poco estoy aprendiendo a lidiar con esto de querer tener respuesta inmediata a lo que pido o espero, creo que es ahí cuando Dios decide tomarse un poco más de tiempo…
Volviendo a mi bebé, Cristián ahora está con una dieta especial por algún tipo de alergia que hace mes y medio comenzó a molestar, todavía no sabemos exactamente qué es, pero vamos mejor, así que apenas llega se sienta a la mesa con su Anita, (Esa es otra historia que contar, ¿alguna vez han tenido celos de la niñera?), justo cuando Rony y Agus se están levantando de la misma porque en 15 minutos más deben ir al colegio, así que a veces me siento, otras veces nos perseguimos por la casa y mientras Rony me cuenta del fútbol puedo escuchar a Cristián gritar desde la mesa porque obviamente no quiere quedarse atrás con las anécdotas de su hermano. Entonces Agustina me pregunta por el café y recién ahí me doy cuenta que no lo pude terminar, lo que le da la razón a mi mami cuando dice que yo termino dejándolos de florero por dónde me toca y nunca me los acabo. Pero eso no frena a Agus que vuelve a hacerme otra taza que voy tomando mientras los despido, pero si ellos se van significa que Victoria llega. Un cruce de horarios que otro día les voy a explicar.
Victoria empieza también la persecución por la casa, no me da muchos detalles de la clase, pero sí se esfuerza por enseñarme los nuevos pasos de Tik Tok (Madre, presentadora de TV y de eventos, influencer y, si pudiera, TikToker). Casi siempre me rindo en el primer intento y ella se esfuerza por hacerlos más fáciles. ¿Les soy sincera? Para ese momento lo único que pienso es lo bien que me vendría mi cama, así que con mucho pesar le digo que no coordino ni para caminar pero que a ella le salen espectaculares mientras me continúa la charla sobre su serie. No, no mira ninguna. Está haciendo la suya con Agustina. Ahora mismo están estancadas en el primer capítulo por un tema de coordinación, es decir, se pelean cada 5 minutos, aunque han prometido ser las mejores amigas. En algún momento la van a terminar, creo…
Para cuando Victoria ha concluido con sus enseñanzas y Cristián se ha cansado de ir y venir mostrándome sus dibujos o algún lego que está armando, ya es hora de volver a salir y continuar con el trabajo. ¿Si se acuerdan que mientras intentaba ser TikToker con mi hija solo podía pensar en mi cama?
Vamos a suponer que este es uno de esos días donde tengo el regalo de volver a casa a una hora decente, sin eventos de por medio, por lo tanto, hay caos con los chicos, al llegar todos comienzan a contarme lo que hicieron al unísono y casi al mismo tiempo también me piden ir a jugar al zombie (juego tradicional de la casa), yo sólo escucho en mi cabeza » andateee a la camaaa». Sí, en mi mente sueno como un zombie, pero casi al segundo viene el mismo pensamiento de todos los días. En unos años más ya no van a querer jugar y voy a arrepentirme muchísimo si hoy me voy a dormir, así que les sigo la corriente. Algún buen samaritano me prepara otro café (sí, sí, tomo café en la noche) y entonces recién me doy cuenta que la taza de la tarde se quedó por la mitad… Por cierto, ¿dónde se quedó?
Con la nueva taza en la mano los voy mandando a bañarse, Cristián se las arregla con Anita mientras los otros siguen dando vueltas, y es en ese momento donde pareciera que ya voy a mi cama a disfrutar de mi café, caliente, completo… Pero Cristián ya salió de la ducha y quiere que su mami vaya a su cuarto, Agus me pide que vayamos a dormir al mío y, en el dormitorio de al lado, Rony y Victoria negocian la dormida con la Abuelita…
Y ahí quedó una vez más mi taza de café… Ya habrá tiempo para tomarla, ¿no?
O al menos para recordar dónde se quedó la taza de la tarde…