El miedo a la vacuna se da porque vivimos en una época digitalizada, en la que no paramos de recibir información diferente a través de varios canales: internet, televisión, radio, periódico. Actualmente, las noticias que nos llegan son, principalmente, acerca de las diferentes vacunas, de las que podemos conocer sus diferentes efectos en cualquier parte del mundo.

Probablemente, con otras vacunas, como la de la gripe, también hubo reacciones adversas, pero no se hicieron públicas y la gente no les teme.

La sobreexposición informativa

Esta infodemia (sobreexposición informativa) contribuye a las dudas de la gente, que en parte son legítimas. Ahora todo está hiperdramatizado. Se ha magnificado todo. Por ejemplo, cuando se empezó a administrar la vacuna de Pfizer, muchos medios sacaron que no había que vacunar a los alérgicos, y generó miedo en millones de personas alérgicas. Luego se vio que era a los que tenían alergia a algunos de los componentes de las vacunas.

No debemos dejarnos arrastrar por las alarmantes informaciones que llegarán: Obviamente, van a ocurrir cosas, y habrá efectos secundarios, pero hay que tener en cuenta que tampoco se retransmiten día a día todos los sangrados estomacales que se producen en Bolivia por el consumo de aspirina, que son muchísimos.

Los bolivianos se pueden dividir en tres categorías con respecto a sus creencias sobre la vacuna contra COVID-19:

  1. Los defensores de la vacuna: son la mayoría que reciben la vacuna y que quieren volver a la normalidad.
  2. Los anti-vacunas: están totalmente en contra del plan de vacunación. De hecho, algunas de estas personas anti-vacunas también son negadores de la Covid-19.
  3. Los que desconfían de la vacuna: son los que han escuchado de que hacen daño, dudan de su efectividad, desconfían de su origen, etc.

Las autoridades del gobierno y la comunidad médica deberían centrarse en la tercera categoría. Es decir, los bolivianos que desconfían o no están seguros de recibir la vacuna.

Escuchar a los que dudan

Es necesario que haya una campaña masiva de relaciones públicas para llegar a estas personas. Es muy importante ser transparentes y aclarar todas las dudas sobre la seguridad de las vacunas, sus efectos secundarios, su efectividad, los protocolos de registro, desafíos logísticos.

Hay que escuchar y abordar las preocupaciones de este segmento de la población. La educación pública debe ser la clave.

Todos debemos involucrarnos en orientar a los no convencidos de recibir las vacunas. Desde los diferentes niveles de gobierno, hasta los líderes de opinión, las personas influyentes, el personal de salud y diversas organizaciones no gubernamentales.

En las provincias hay muchísimas personas que no quieren vacunarse. Es de crucial importancia hacer llegar el mensaje de vacunación a las zonas rurales y no solo a nuestros en las grandes ciudades.

Esta pandemia nos ha llevado por los caminos del miedo, incertidumbre, al estrés, la inestabilidad económica y el afrontamiento de pérdidas de seres queridos. Ya es tiempo de recuperar la fe y la esperanza, de volver a tener una vida con calor humano y, sobre todo, con salud. La vacunación masiva contra la covid-19 es el camino.

 


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