La vacunación masiva en Bolivia se está convirtiendo en un fracaso masivo del gobierno de Arce. A tan sólo días del inicio de la campaña de vacunación, numerosos hospitales han denunciado que no cuentan con suficientes dosis para llevarla a cabo. La directora general de epidemiología del país renunció la semana pasada y los bolivianos estamos conscientes de la amenaza que es la cepa brasileña a nuestra ya débil salud. Esta combinación de circunstancias negativas ya es suficiente para causar tensión en el ánimo a nivel nacional.

En épocas de crisis, el liderazgo político del país debería ser una fuente de certidumbre, unidad y trabajo en conjunto. Es por eso que el fracaso en liderazgo del actual gobierno es aún más obvio. Las declaraciones del presidente Arce indicando que no habrá vacunas para las “oligarquías”, o que no llegarán vacunas si no se puede “coordinar” con autoridades locales, son profundamente hostiles para un gobierno que prometió unidad y reconciliación. Encima de eso estas declaraciones van en contra del artículo 18 de nuestra Constitución que garantiza el acceso a la salud a todas las personas, sin exclusión alguna. La Constitución indica que no puede existir discriminación en temas sanitarios, mientras que el discurso del gobierno la fomenta.

La falta de consideración del presidente Arce en sus declaraciones demuestra lo poco consciente que está sobre la realidad de la salud en los hospitales y calles de nuestro país. La cantidad de profesionales de salud fallecidos durante la pandemia debería ser suficiente incentivo para que nuestras autoridades tengan sensatez en sus declaraciones. Debemos exigir que no se juegue con nuestra salud.

Repetidas veces en la historia de Bolivia, quienes están en el gobierno, de este partido u otro, han politizado la solución a crisis por votos y para beneficio propio. En años pasados fue la crisis de los incendios, esta vez es la crisis de salud. Al usar discriminación en su discurso de entrega de vacunas, el Presidente Arce y el partido del MAS se igualan a los partidos de la “derecha”, a los que supuestamente se oponen.

Este error garrafal del gobierno lleva a la pregunta sobre dónde está la voz de los grupos que componen al MAS hoy. Las propias bases de este partido demostraron con su voto, al aumentar sus números sin Evo en la papeleta que la línea dura y confrontativa de Morales, Linera y Quintana ya no es atractiva, sino anticuada, trillada y estancada en décadas pasadas. ¿Por qué entonces el gobierno actual repite esa misma línea de confrontación y división que es tan dañina al país en su conjunto?

Al seguir insistiendo en su odio al “imperio” y las “oligarquías”, el MAS nuevamente se vuelve lo mismo que quienes tanto critica, obsesionado con su oponente pero sin dar soluciones al pueblo. Arce indica a quiénes no se les dará vacunas desde las tarimas, pero en realidad no hay vacunas para nadie en los hospitales.

En pocas ocasiones de nuestra historia Bolivia necesitaba que levantemos nuestras cabezas por encima de las divisiones políticas con tanta urgencia como hoy. La crisis sanitaria, económica, social, ambiental y política amerita un liderazgo serio y de soluciones. Las variantes del coronavirus no discriminan color político ni clase social. La Constitución tampoco discrimina la vida de bolivianos y bolivianas bajo ninguna clasificación. Ante la ausencia de sensatez demostrada por algunas autoridades, la ciudadanía no debe tener miedo de interpelar y exigir respeto a su propia vida, más allá de las etiquetas con las que uno u otro partido nos quiera dividir. La discriminación daña al tejido social boliviano venga de quien venga.