La adrenalina corre en una sala de Redacción con los escritorios tan cerca que apenas puedes oír tus propios pensamientos por la llamada de al lado, los monitores de TV en diferentes canales, la radio de fondo, las risas estridentes, las charlas casuales. Esa sinfonía perfecta de ritmos imperfectos, hace más de un año, se desvaneció.

Un escritorio o mesa simple, una laptop y un celular que suena sin parar con casi un centenar de grupos de prensa, es ahora lo más cercano a una sala de Redacción. La pandemia llegó y arrasó con aquella rutina, que agobiaba a veces, pero estos días se añora inútilmente.

Dar paso a lo nuevo no es fácil, más cuando no se entiende o, peor, cuando nunca se hizo el intento de entender. Los cambios en el periodismo se forzaron por las medidas del confinamiento y la emergencia sanitaria, aunque desde hace mucho han estado presentes y revolucionando la industria. Según el infome anual del Instituto Reuters denominado “Tendencias y predicciones en periodismo, medios y tecnología 2021” que aborda los retos y oportunidades del sector, este año será inevitable el cambio “súbito y profundo”.

El análisis, que está basado en una encuesta de 234 representantes de medios de 43 países, apunta además a que se consolidará una fusión entre el trabajo remoto y el presencial, con apuesta en la especialización y la mira en los modelos de negocios más eficaces y menos condicionados. Suena bonito en la teoría, pero en la práctica, y en Bolivia, siempre se debe ver la nota al pie y la letra chica.

Siendo honestos, la llegada del COVID-19 al país, más que acelerar la transformación digital de los medios, los tomó desprevenidos. Y claro, eso no tardó en evidenciarse en el recorte de personal, la sobrecarga de trabajo, la improvisación en los contenidos y probablemente lo más preocupante: la baja de ingresos publicitarios.

Los medios en Bolivia se tuvieron que enfrentar a la incertidumbre económica que además ya tenía su huella del conflicto poselectoral de 2019. En ambientes donde aún había resistencia a las redes sociales, nulo interés por aprender sobre audiencias, o simplemente desconocimiento de cómo realizar una transmisión en vivo, fue más difícil lograr estas “adaptaciones forzosas” porque las exigencias periodísticas y comerciales no dan tregua.

En este panorama no tan alentador, la suscripción podría ser uno de los pilares del nuevo tiempo, un ejemplo es The New York Times que cerró 2020 con 7,5 millones de suscriptores, dos millones más que en 2019. Claro que no todos somos el NYT y la fórmula, aunque atractiva, no tiene los mismos resultados en otros conextos. Además, este modelo de negocio no avanza por sí solo, está relacionado a la oferta en contenido, y queda claro que lo que hay ahora no es suficiente. Se acabó el tiempo de la audiencia complaciente.

Nunca estuve más convencida de que el buen periodismo es lo que realmente importa. ¿Se puede hacer periodismo solamente desde un escritorio? Tal vez sí, pero no el que quisiéramos o el que merece la gente. Hace falta más. Siempre hará falta mejor periodismo, pero ahora también innovación, esa que se dejó de lado por temor al riesgo, falta de recursos, incapacidad de los dueños y jefes o resistencia de los periodistas.

Lo bueno es que siempre hay otra estación para abordar el tren y, seguro, más rutas para disfrutar el camino.

Por: Fabiola Chambi Altamirano