Con enormes desafíos emocionales y una evidente falta de inclusión, Perú vuelve a apostar por la virtualidad en el inicio del nuevo curso escolar, tras más de un año con los colegios cerrados por la pandemia, que «expulsó» del sistema educativo a más de 240.000 estudiantes.

El nuevo año académico, que comenzará el próximo 15 de marzo en las escuelas públicas del país, será, como ya advirtieron las autoridades, parecido al del año pasado, pues las clases serán virtuales al menos hasta el 15 de abril.

En esa fecha el Gobierno evaluará, según la situación epidemiológica, un posible retorno «seguro, flexible, gradual y voluntario».

«NO TENGO CON QUÉ ESTUDIAR»

La irrupción de la pandemia en marzo de 2020 obligó a suspender las clases presenciales en Perú, apenas unos días antes del inicio del curso escolar.

Si bien se optó por la modalidad remota, pronto se hicieron patentes las limitaciones del formato en un país donde apenas el 39 % de los hogares tiene acceso a internet, un porcentaje que asciende casi al 63 % en la capital Lima pero que cae drásticamente al 5 % en el área rural.

El Gobierno impulsó contenidos por internet, radio y televisión bajo el paraguas de «Aprendo en Casa», una inédita estrategia de educación a distancia que, lejos de durar escasos meses como se pensaba, acabó dominando todo el año académico.

«Fue demasiado difícil porque no tengo con qué estudiar», lamentó a Efe Sara Sarai Cuenca, una niña de 12 años que necesitó hacer artimañas para superar con éxito el sexto curso de primaria sin internet, radio o televisión en casa, apenas con un «celular chiquito» que compartía con sus sobrinas y que «se malogró».

Desde su rudimentaria casa de madera contrachapada y techo de calamina, en el humilde y populoso distrito limeño de Villa el Salvador, Sara no podía a menudo seguir las clases porque los vídeos «se comían los datos» y hasta llegó a pasar dos meses sin ni siquiera poder mandar las tareas a su profesor.

«Dije ‘no voy a pasar’ (de curso) y me puse triste», reconoció esta apasionada alumna, que augura volver pronto a la escuela y, algún día, ser abogada.

EL ESTRÉS, UN FIEL COMPAÑERO

«Es aburrido no ver a los compañeros y al profesor. Te estresa demasiado y me sentía estresada», insistió Sara.

Según explicó a Efe el psiquiatra de niños y adolescentes del Instituto Nacional de Salud Mental (INSM), Horacio Vargas, el impacto del aislamiento puede darse de «diferentes formas» en estudiantes pero la más frecuente es el estrés, «por el mismo confinamiento o por el temor al contagio y muerte de familiares».

Sus manifestaciones más habituales, añadió, pasan por tener dificultades para dormir, presentar síntomas de ansiedad, depresión o malestar general.

Vargas señaló que «las posibilidades de afectación en la salud mental es mayor» en los menores en situación de pobreza y que, en términos generales, se estima que, en la actualidad, entre el 30 % y el 40 % de niños y adolescentes peruanos «pueden presentar algún problema de salud mental» como consecuencia del aislamiento social.

En ese contexto, insistió, «es fundamental el rol de los padres», quienes deben esforzarse por mantener «calma y serenidad» y estructurar un horario para los pequeños, donde se contemplen «las actividades académicas, pero también recreativas, de relajación y deportivas».

EL RIESGO DE ABANDONAR

Otro de los efectos más visibles y alarmantes de la educación a distancia ha sido la deserción escolar, un fenómeno que en 2020 revirtió la tendencia a la baja que venía registrando en los últimos años en el país.

De acuerdo al Ministerio de Educación, la tasa de deserción alcanzó el año pasado el 3,95 % en la escuela inicial, el 1,8 % en primaria y el 2,75 % secundaria.

Esto se traduce en más de 240.000 alumnos que abandonaron sus estudios o, en palabras del decano del Colegio de Profesores del Perú, Pablo Helí Ocaña, «fueron prácticamente expulsados porque no tuvieron las condiciones favorables para poder continuar».

«Las condiciones reales en las que viven las estudiantes nos ha cobrado caro», lamentó a Efe Ocaña, quien estimó que, en 2020, «el logro de aprendizaje posiblemente fue inferior incluso del 20 %».

Para Ana De Mendoza, representante de Unicef en Perú, es «urgente» revertir esas cifras que hacen retroceder al país «por lo menos diez años» en materia educativa y que, además, suponen un claro riesgo para el aumento del trabajo infantil, el matrimonio infantil y el embarazo adolescente.

Según De Mendoza, «lo ideal sería volver a la presencialidad lo antes posible» y hacerlo «de forma progresiva, híbrida y por grupos burbuja» como en muchos otros países donde «se ha demostrado que las escuelas son los lugares más seguros». «Las escuelas deberían ser lo último en cerrar y lo primera en abrir», sostuvo.

FAMILIAS ABOGAN POR LA DISTANCIA

En el otro extremo del debate están las familias de los estudiantes, quienes tachan de prematura la posibilidad de volver a los colegios, ante el avance de la segunda ola de contagios de covid-19 en Perú.

El presidente de la Asociación de Colegios Privados de Lima (Acopril), Edgardo Palomino, opinó a Efe que sería «una catástrofe» retomar la presencialidad «para supuestamente velar por la salud emocional de los chicos».

Un argumento similar tiene la Coordinadora Nacional de Padres y Apafas (Asociaciones de Padres de Familia) del Perú: «¿Cómo podemos mandar a nuestros hijos a los colegios si la comunidad educativa no está vacunada? Sería un riesgo», alertó a Efe su presidente, Edgar Trejo Cuencas.

En este sentido, el Ministerio de Educación ya indicó que, aunque la condición de que los docentes estén vacunados contra el coronavirus es deseable, este no es un factor determinante para el regreso a las clases presenciales.