Sin trabajo durante el confinamiento e indignados por los exorbitantes precios del oxígeno en el peor pico de la pandemia en Perú, trece amigos invirtieron sus ahorros en una planta de oxígeno, «un pulmón» para salvar vidas a precio justo en una de las zonas más humildes y populosas de Lima.

En tiempo récord, este grupo formado por administradores, economistas, técnicos, ingenieros y abogados, entre otras variadas profesiones, sorteó una maraña burocrática y puso en marcha PGO, sigla de Planta Generadora de Oxígeno, justo semanas antes de que la segunda ola de la pandemia de la covid-19 llegase a Perú.

«Esa mezcla de profesiones hizo posible que salga adelante el proyecto. Venimos de distintos sectores, pero somos amigos de la universidad y del trabajo», comentó a la Agencia Efe el promotor de la iniciativa, Augusto Armas, que antes de la pandemia se dedicaba al marketing.

«Estábamos en una situación de incertidumbre laboral, pero buscando alternativas», añadió Armas, quien tuvo la idea al ver las dramáticas escenas de desesperación de cientos de peruanos que salían a diario a las calles a comprar oxígeno medicinal a precio de oro.

Así pasó durante junio, julio y agosto de 2020, el momento más álgido de la pandemia en Perú, donde los enfermos de covid-19 no encontraban cama en los desbordados hospitales y debían tratarse en casa, con sus familias dispuestas a pagar lo que fuese con tal de mantener con vida a sus parientes.

LA FIEBRE DEL OXÍGENO

Ese «sálvese quien pueda» hizo estallar una fiebre del oxígeno, cuyo precio subió como la espuma, pues los tanques cilíndricos de 10 metros cúbicos llegaron a valer unos 6.000 soles (unos 1.660 dólares) y el oxígeno para recargarlos llegó a costar 50 soles (unos 13,83 dólares) el metro cúbico.

«Prácticamente estaban discriminando la vida de la gente, entre el que podía pagar y el que no podía pagar. La gente se moría porque no podía pagar. No se necesita especular con la salud de las personas», criticó Armas.

En ese tiempo se hicieron famosos en todo el país varios pequeños empresarios que no especularon con el precio del oxígeno, a quienes se les apodó ‘Los ángeles del oxígeno’, como Mario Romero, que falleció después víctima precisamente de la covid-19.

Esa conciencia social y espíritu solidario ha sido replicado ahora por «los trece del gallo», como a Armas le gusta llamar a sus socios en su particular cruzada contra el coronavirus, igual que se denominó al grupo de expedicionarios del conquistador español Francisco Pizarro que decidió seguirlo hasta Perú.

OXÍGENO PARA PERSONAS DE A PIE

Por eso, el principal objetivo de PGO como «proyecto social» es, según su impulsor, «no especular con los precios, atender a los más necesitados y en el menor tiempo posible, y además generar una economía sostenible y circular con los vecinos de la zona».

«Este proyecto es un esfuerzo del pueblo para el pueblo, para las personas de a pie, para todo aquel que toque a la puerta o llame a nuestro teléfono. Un pulmón más para quien necesite oxígeno o algo de vida», agregó Armas.

Aquí el metro cúbico de oxígeno tiene un precio fijo de 15 soles (unos 4,15 dólares) y los tanques cilíndricos de 8 y 10 metros cúbicos valen entre 900 y 1.100 soles (entre 250 y 304 dólares).

Sin embargo, en varias ocasiones han llegado a la puerta de la planta instalada en la avenida El Sol, del distrito de Villa El Salvador, en el sur de Lima, personas que solo podían pagar dos metros cúbicos de oxígeno, pero por solidaridad se les ha llenado todo el tanque.

«Llenamos cualquier tipo de balón (tanque) de cualquier procedencia. No hay restricciones ni límites», explicó a la Agencia Efe Daniel Baldarezo, administrativo y publicista de PGO.

«Un cliente nos llamó un día sobre las 23:00 horas porque necesitaba un balón urgentemente, y por la emergencia del caso lo atendimos inmediatamente. La idea es que estemos disponibles las 24 horas porque esto es un tema social de urgencia», apuntó Baldarezo.

«No vendemos zapatos ni carteras, vendemos vida. Es alguien que necesita ese oxígeno si no lo atendemos inmediatamente», apostilló su compañero Armas.

ENVASANDO OXÍGENO LAS 24 HORAS

Con el lema «oxígeno para salvar vidas», la planta comenzó a funcionar a finales de septiembre, cuando la primera ola del coronavirus ya estaba remitiendo en Perú, pero desde hace tres semanas opera las 24 horas, sin descanso, pues la demanda se ha disparado, fruto del inicio de la segunda ola del coronavirus.

Solo en el último mes se han reportado más de 60.000 casos sintomáticos confirmados, las hospitalizaciones se han multiplicado y han vuelto las listas de espera para poder entrar a una unidad de cuidados intensivos (UCI) en los casos más severos de la enfermedad.

El trajín dentro de la planta es incesante, con una quincena de operarios trasladando los pesados cilindros de oxígeno de un lado a otro, recargando unos, almacenando otros y entregando otros más a los clientes que llegan solo para recogerlos.

«Estamos trabajando a plena capacidad pero no hay filas de espera», destacó Armas, pues, para evitar aglomeraciones en torno a la puerta, la empresa hace un reparto a domicilio con los taxistas de la zona.

También, los clientes que llegan directamente al lugar dejan su cilindro de oxígeno y se les avisa por teléfono para que lo recojan cuando esté listo.

SIN TENSAS ESPERAS

Con «un poco de programación» quieren ahorrarles las tensas esperas vistas meses atrás en otros establecimientos donde recargan los cilindros de oxígeno, alrededor de los cuales los parientes de los enfermos se amanecían y formaban filas de varias manzanas para asegurarse el preciado oxígeno.

La planta tiene capacidad de producir 360 metros cúbicos de oxígeno al día y cada recarga toma entre 30 y 40 minutos pero, para acortar el tiempo y atender a más gente, transfieren el oxígeno de otros cilindros ya llenos, y así pueden atender hasta 60 clientes en un solo día.

«Da orgullo sentir que la planta está cumpliendo el primer objetivo para el que se creó, que fue ayudar a la mayor cantidad de personas posible. La gente necesitaba un pulmón y lo trajimos», valoró Armas, que luce en su polo el logotipo de PGO, un pulmón verde con dos cilindros blancos de oxígeno en su interior.

«No somos grandes empresarios, no tenemos el dinero que podrían tener otras personas, pero nos juntamos y sentimos la satisfacción de al menos poder contribuir con algo», concluyó.