“Es deber del Estado, la sociedad y la familia garantizar la prioridad del interés superior de la niña, niño y adolescente, que comprende la preminencia de sus derechos, la primacía en recibir protección y socorro en cualquier circunstancia, la prioridad en la atención de los servicios públicos y privados, y el acceso a una administración de justicia pronta, oportuna y con asistencia de personal especializado”. “Se prohíbe y sanciona toda forma de violencia contra las niñas, niños y adolescentes, tanto en la familia como en la sociedad” (arts. 60 y 61-I de la Constitución boliviana).

El papel de la familia en el desarrollo integral del niño es de vital importancia, desde la afectividad, la comunicación familiar y la educación parental.

Es una total desgracia que el seno familiar de un niño (cualquiera sea su condición económica), resulte en realidad el centro del desprecio, abandono, ausencia de afecto natural por parte de sus progenitores, violencia, mal ejemplo y agresividad. En vez de un refugio sea la fuente de tormento diario.

El colmo de los males, sería que los agresores culpen al afectado (menor de edad) y digan: “me arruinó la vida”.

En amparo de las víctimas se debe romper aquella cadena de trasmisión intergeneracional de la violencia.

Las autoridades competentes deben primordialmente proteger al menor de edad, que sufre de violencia familiar. Velar por su salud física, sexual, psicológica y emocional.

Que la infancia no se vea arrebatada por la humillación, la traición de los padres, la agresión, etc. Es menester reforzar la autoestima, la comunicación, ayudarle a entender el rechazo, trabajar y mejorar las habilidades sociales, entre otras psicoterapias más.

Estamos en pleno Siglo XXI, con adelantos científicos, pero con retrocesos en afectividad natural y sensibilidad humana. Es momento de días mejores para los infantes. Busquemos generaciones con menos taras mentales y con más amor, fraternidad, compasión y espiritualidad.

Para que existan mejores días, tanto para los menores de edad como para quienes llegarán a ser adultos mayores, la mejor enseñanza es con el ejemplo. ¡No al abuso infantil! ¡No a la crianza evitativa y ambivalente! Démosle un día mejor a los niños no deseados, abusados, golpeados y destruidos física, mental y moralmente; cuidándolos, sin importar el estrato social que fuese. Cumplamos y hagamos cumplir la Constitución, sin remilgo, encubrimiento ni hipocresía. Seamos cada día más humanos.