Portugal vive a partir de hoy un confinamiento más estricto para obligar a más ciudadanos a quedarse en casa, pero cuyas medidas son aún insuficientes para muchos especialistas, que suben el tono de sus críticas al mismo ritmo que crece el miedo a seguir batiendo récords diarios.

Tras once días sumando máximos, a veces de muertes diarias (el nuevo pico son los 219 fallecidos hoy), a veces de contagios y siempre de hospitalizados, la sensación en el país es que aún no se ha alcanzado techo en esta devastadora tercera ola, y empieza a temerse la llegada del boletín diario de las autoridades.

«Los próximos días serán durísimos, por favor, ayúdennos todos», pidió este martes al Parlamento emocionada la ministra de Salud, Marta Temido. Su apelo revelaba las costuras de un sistema sanitario al borde del colapso: hay ya casi 5.500 ingresados por covid, de los cuales 681 están en cuidados intensivos.

En los cinco días que el país lleva confinado el balance es desolador: la curva solo asciende, los hospitales de campaña se preparan para reabrir y los médicos aseguran que trabajan «en contexto de medicina de catástrofe».

PORTUGAL, LÍDER MUNDIAL EN NUEVOS CASOS

Este miércoles, Portugal se ha convertido en el país con más contagios nuevos por millón de habitantes, según la media de los últimos siete días recogida por la Universidad de Oxford.

Es el resultado de once días en los que los que el país, con diez millones de habitantes, ronda los 10.000 casos diarios, pese a lo cual esta semana han abundado las imágenes de calles con muchos más viandantes de los esperados en un contexto de confinamiento.

La regla es «quedarse en casa», con inicialmente 52 excepciones entre las que destacaban mantener las escuelas abiertas.

Pero la escasa reducción de la movilidad vista en los primeros días, apenas de un 30 %, frente al 70 % que cayó en el primer confinamiento del país, en marzo de 2020, llevó al Gobierno a endurecer las normas con más de 14 medidas que han entrado en vigor hoy.

Entre ellas, la prohibición para ciudadanos de permanecer en parques y jardines -aunque se puede pasear por ellos-, y para la restauración de vender bebidas en la puerta o permitir que se consuman productos en sus inmediaciones, limitándose a entregas a domicilio y take away.

Tampoco se puede circular entre municipios el fin de semana, y si se sale a la calle por cuestiones laborales se debe contar con un atestado de la empresa que certifique esa necesidad, entre otras medidas.

AUMENTAN LAS CRÍTICAS

Pero estos cambios son aún insuficientes para los especialistas, liderados por el Colegio de Médicos, cuyo presidente, Miguel Guimarães, ha aseverado hoy que se deben reforzar los rastreos porque se desconoce el origen del «87 % de los casos positivos».

Además, abogó por el cierre de escuelas.

La enseñanza presencial ha sido desde septiembre una línea roja para el Gobierno del socialista António Costa, aunque en las últimas horas el primer ministro ha admitido que eso puede cambiar, y el presidente del país, Marcelo Rebelo de Sousa, sostiene que la cuestión se estudiará el próximo martes.

Un plazo que se antoja demasiado lejano teniendo en cuenta la concatenación de récords, apuntan especialistas, que no entienden las dudas. Y el conjunto de ciudadanos empieza a estar de acuerdo de ellos.

Más de la mitad de los lusos (54 %) están ya a favor de cerrar las escuelas, y hasta un 77 % cree que el actual confinamiento tiene que restringirse mucho más y ser más similar al de los momentos más duros de la primavera de 2020, en los que el país casi paró por completo, según un sondeo de la Universidad Católica publicado hoy.

«Cerrar escuelas es una buena medida, pero se tenía que haber hecho hace tiempo», dice a Efe Amadeu, en una pausa mientras hace recados en el centro de Lisboa.

Con él coincide Alvaro Abreu, también fuera de casa solo por gestiones: «Debería ser todo un poco más estricto», opina con ojo crítico mirando alrededor.

Cree que se debería controlar más la elevada circulación de personas que ve en la calle, y piensa que serán necesarios cuatro meses de restricciones para volver a alguna normalidad, cuando se haya conseguido «una gran vacunación».

EL PRIMER MINISTRO, EN BRUSELAS

Mientras arrecian las críticas y se piden medidas rápidas, el primer ministro se desplazaba este miércoles a Bruselas para presentar las prioridades de la presidencia lusa de la Unión Europea, que transcurre durante el primer semestre de este año.

Su agenda incluye, además una rueda de prensa junto al presidente del Parlamento Europeo, David Sassoli, y la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, dos visitas culturales, lo que ha levantado dudas sobre si este viaje se ha ceñido a lo que es estrictamente obligatorio para quien ostenta la presidencia rotatoria.

Sobre todo después del resultado de la visita de Von der Leyen y varios comisarios europeos a Lisboa el pasado viernes, día en que comenzaba el confinamiento de los portugueses.

Las autoridades portuguesas defendieron como esenciales las reuniones presenciales, que un día más tarde llevaron a tres comisarios (de Cohesión, Elisa Ferreira; y los vicepresidentes Margrethe Vestager y Valdis Dombrovskis) a iniciar una cuarentena por contacto con el ministro de Finanzas de Portugal, João Leão, que dio positivo.

Es uno de los tres ministros que tiene covid, junto con la titular de Trabajo y Seguridad Social, Ana Mendes Godinho, y el de Economía, Pedro Siza Vieira.