A través de las redes sociales, el 14 de mayo, pregunté: ¿Habrá guerra civil en Bolivia? ¿Tendremos una limpieza étnica como en Ruanda? ¿Qué sabemos de lo ocurrido en Sudáfrica y el papel de Nelson Mandela?

Estas preguntas básicas tendrían que obligarnos a reflexionar seriamente frente a ciertos entusiasmos verbales que plantean la violencia como instrumento para resolver las diferencias.

Si nadie, nadie, quiere llegar a esos extremos, ¿por qué no cambiamos entonces de actitud y de estrategia y abandonamos todas las formas de bravuconería y matonaje verbal? La solución por el absurdo es inadmisible y demanda realizar una campaña contra el lenguaje violento. Las respuestas recibidas, todas, sin excepción, fueron negativas. En Bolivia, en la voz de una ciudadanía digital que opina, no habrá una guerra civil por razones étnicas. Es bueno repetirlo.

Un paso más… el 31 de mayo pregunté por los mismos espacios, si la confrontación que se da en algunos sectores regionales puede producir una ruptura entre oriente y occidente, entre cambas y collas. ¿Es posible que ello ocurra? Y una consecuencia radical, ¿hay riesgo real de separatismo en Bolivia?

La investigación que realizamos sobre procesos migratorios demuestra la existencia de una complementariedad respetuosa y efectiva cada vez mayor desde el punto de vista cultural, humano y social en Santa Cruz, lugar signado sistemáticamente como racista y separatista; existe la evidencia, por el contrario, de la desaparición de posiciones extremas, quedando alguna en expresiones verbales.

Otra vez, las respuestas fueron unánimemente negativas. Algunas opiniones expresaban si era necesario plantear abiertamente situaciones que, por el absurdo, tendría respuestas obvias pues nadie que pensara en contrario, explicitaría su posición de manera abierta. En todo caso, como dicen los sicólogos sociales, verbalizar el pensamiento es la mejor manera de enfrentar miedos y temores colectivos, y, por lo tanto, es también un camino para afianzar valores positivos en contrario.

Considero a los medios de comunicación, como a las redes sociales y sus espacios, como instrumentos de expresión de una parte de la sociedad, que tiene las condiciones para acceder a ellos al saber leer y escribir, tener recursos para adquirirlos o conectarse, manejar nuevas tecnologías, opinar, preguntar, visibilizarse; si esto es cierto, es posible seguir planteando preguntas comprensibles para el universo potencial de ciudadanos responsables y digitales, sin que esto signifique discriminación porque el acceso a la información es universal.

¿Qué preguntas sustantivas resultan necesarias explicitar, a partir del debate que se produce en las redes?

  1. Siendo fundamental la comprensión integral de la sociedad boliviana, y además respetando plenamente los avances obtenidos, ¿es posible entender la Bolivia del año 2021, exclusivamente desde lo originario, indígena, campesino?

  2. En esa nueva realidad, ¿qué papel juega lo urbano, las ciudades, las migraciones, la economía de escala, la satisfacción de servicios públicos básicos, el abandono de áreas rurales?

  3. ¿Qué papel juega la modernidad que ha logrado Santa Cruz en este nuevo escenario nacional, para los bolivianos que vivimos aquí, y para los bolivianos de los otros 8 departamentos?

  4. ¿Comprende el Gobierno y el MAS estas situaciones?

  5. ¿Comprende Santa Cruz, el papel que le corresponde jugar?

Se trata de un ejercicio maduro y sano enfrentarnos equilibradamente a nosotros mismos, y buscar nuestras respuestas. Y aunque alguna de las preguntas tienen respuestas a través de titulares en los medios, la reflexión abierta siempre será necesaria para seguir creciendo colectivamente.