Las protestas sociales que mantienen a Santiago de Chile en estado de emergencia desde hace casi una semana, tiene una lectura más amplia, una que coincide con las manifestaciones que este año estremecieron París y Hong Kong, guiadas por una sensación de injusticia.

Se trata de tres ciudades prósperas del mundo que han estallados en protestas este año, las tres con una percepción generalizada de baja movilidad social, reflexiona al economista Jeffrey Sachs en su artículo «Por qué las ciudades ricas son rebeldes«, para Project Syndicate.

Sachs, director de la Red de Soluciones de Desarrollo Sostenible de la ONU y profesor en la Universidad de Columbia, explica que aunque las tres protestas tienen factores locales distintos, «en su conjunto cuentan una historia más amplia».

Uno de los datos que destaca Jeffrey Sachs es el PIB per cápita de las tres ciudades, que refleja «módelos de éxito económico». En Hong Kong, el ingreso per cápita es de US$40.000, en París de más de US$60.000 y en Santiago unos US$18.000. El economista cita otro dato que valida la privilegiada posición de las tres ciudades, el Informe de Competitividad Global 2019 que publica el Foro Económico Mundial. Hong Kong ocupa el tercer lugar, Francia el 15° puesto y Chile la 33° posición, la mejor de América Latina.

Pero «si bien estos países son bastante ricos y competitivos, sus poblaciones no están satisfechas», aclara el especialista, quien cita a la Encuesta Gallup, que mide la satisfacción de la gente con su libertad de elegir qué hacer con su vida.

«En los tres países, los jóvenes urbanos que no nacieron en la riqueza desesperan por sus posibilidades de encontrar viviendas asequibles y un trabajo decente», sostiene Sachs, como evidencia de la desigualdad que enfrentan esos países.

En el estudio, Hong Kong ocupa el puesto 66, una posición que contrasta con el noveno lugar que tiene en PIB per cápita mundial. Igual ocurre con Francia, que ocupa el 25 en el PIB, pero 69 en libertad de elección; y Chile, cuyo índice Gallup es de 98, pero en el PIB ocupa la posición 48.

«En los tres países, los jóvenes urbanos que no nacieron en la riqueza desesperan por sus posibilidades de encontrar viviendas asequibles y un trabajo decente», sostiene Sachs, como evidencia de la desigualdad que enfrentan esos países.

Pero no son los únicos que sufren esta sensación de injusticia. Otro ejemplo que expone el profesor de la Universidad de Columbia, es el caso de Estados Unidos, «que experimenta un aumento en las tasas de suicidio y otros signos de angustia social, como tiroteos masivos, en un momento de desigualdad sin precedentes».

Ante este escenario, Jeffrey Sachs recomienda extraer algunas lecciones de los tres casos, en donde los gobiernos «fueron sorprendidos». En ese sentido, considera que medidas económicas tradicionales «son totalmente insuficientes para evaluar los sentimientos reales del público».

«Para aprender sobre tales sentimientos, es necesario preguntarle al público directamente sobre su satisfacción con la vida, su sentido de libertad personal, su confianza en el gobierno y sus compatriotas, y sobre otras dimensiones de la vida social que tienen una gran influencia en la calidad de vida y, por lo tanto, en las perspectivas de la vida social», explica.

«Le corresponde a cada sociedad tomar el pulso de su población y prestar atención a las fuentes de descontento y desconfianza social. El crecimiento económico sin equidad y sostenibilidad ambiental es una receta para el desorden, no para el bienestar», concluye el economista.

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