La educación a distancia generó muchísimas preguntas, críticas y, sobre todo, cambios en las dinámicas sociales importantes. No solo la educación ahora depende para muchas personas del acceso a electrónicos tales como celular, laptops o computadoras, sino que el proceso de socialización de la infancia que representa la escolarización, se vio interrumpido. Niños y niñas cuyo primer año en el colegio ya no significaba conocer a su primer amigo o amiga, y normas sociales que el colegio no ha podido inculcar.

Sin embargo, quizás la mayor pregunta que deberíamos estar haciéndonos en cuanto a la educación a distancia, es ¿Quién se encarga de los niños y su escolarización? Una computadora compartida por cinco personas que deben trabajar, asistir a clases y realizar trabajos y tareas al mismo tiempo. Internet saturado de usuarias y usuarios que no pueden prescindir de su uso. Y en ese contexto, nos encontramos con que según los datos del BID/Cornell de 17 países en Latinoamérica (excluyendo Chile), en todas las actividades no remuneradas de cuidado y del hogar quien se ha dedicado de manera exclusiva a ellas en mayor proporción son las mujeres. Entre ellas por supuesto entra el apoyo escolar de las y los hijos. Y no es casualidad que estos datos se ven reflejados en que tanto en la población casada y soltera, sean las mujeres las que más han perdido su trabajo durante la pandemia, siendo reconocible una evidente mayor diferencia entre hombres y mujeres solteras. Entendiendo que son estas ultimas quienes integran casi en su totalidad las familias monoparentales, nos encontramos en una verdadera crisis.

Esto significa que no solo las mujeres han sido más propensas a ser consideradas redundantes en sus fuentes laborales (o incluso cerrar sus propios negocios), sino que además la economía de cuidado y del hogar, y la educación, ahora dependen del trabajo no remunerado de esas mismas mujeres. El resultado de esta combinación peligrosa, es que muchas más mujeres y, por ende, familias monoparentales, se encuentran en estado de vulnerabilidad exacerbado por la pandemia, mientras que al mismo tiempo la sociedad depende de ellas para la educación de las próximas generaciones que durante al menos dos años tendrán educación a distancia. En este contexto, urge que el Estado tome medidas para reducir la carga puesta en los hombros de las mujeres bolivianas como parte del conjunto de medidas prioritarias de la pandemia.

Para que esto pueda ser llevado a cabo, es necesario que las políticas públicas tengan un enfoque de género, estén basadas en evidencia y que incluyan las cuatro R: A) Reconocer: mediante recolección de datos, encuestas, investigaciones, etc. que ayuden a comprender la situación base de las mujeres y la economía del cuidado del país; B) Reducir la cantidad de horas de trabajo de cuidado no remunerado y la carga del trabajo del hogar; C)Redistribuir el cuidado, entendiendo que no es asunto privado: el cuidado es indispensable para el desarrollo de las sociedades, el Estado debe tomar responsabilidad junto a la sociedad; y D) Representar a las mujeres que realizan trabajos de cuidado remunerado y no remunerado. Estas medidas deben ser tomadas en paquete, lo que implica que el éxito de estas depende de la correcta implementación de todas.

Como sociedad nos toca entender que, si el trabajo de cuidado no es abordado por el Estado y toda la población como la prioridad que debería ser y desde su imprescindibilidad, no podemos esperar que el país crezca y con esto, que las próximas generaciones disfruten de condiciones de vida dignas.

Por: María Belen Luna Sanz