Las paredes del Museo Americano de la Diáspora Cubana de Miami «hablan» en una exposición en nombre de los 14.048 niños cubanos que a partir de diciembre de 1960 y hasta octubre de 1962 fueron llevados a Estados Unidos para que no fueran adoctrinados por la Revolución, lo que se conoció como Operación Pedro Pan.

«Operation Pedro Pan: The Cuban Children’s Exodus» está hecha como «recordando un sueño que empezó en Cuba en nuestra niñez, que era como un sueño de hadas, y se convirtió en una pesadilla con final feliz», dice a Efe la directora del museo, Carmen Valdivia, que llegó a Estados Unidos con 12 años junto a su hermana mayor mediante esta operación de cuyo inicio se han cumplido 60 años.

LA PECERA: EL ADIÓS DEL AEROPUERTO QUE TODOS RECUERDAN

Arquitecta de profesión, Valdivia dice que el museo que dirige, que ha estado cerrado por la covid-19, reabrirá al público el 1 de marzo con esta muestra que desde febrero podrá verse de manera virtual.

En unos 3.000 pies cuadrados (280 metros cuadrados), la muestra desgrana 113 citas de «Pedro Panes» sobre lo que significó para ellos emigrar sin sus padres.

«A través de estas citas vas viendo lo que estaba pasando en Cuba. Tenemos vídeos, fotos que lo cuentan. Desde un niño tomando la comunión, pasando por la militarización de la vida en Cuba y la expulsión de curas y monjas. Todos esos cambios provocaron que nuestros padres decidieran enviarnos fuera de Cuba», explica Valdivia.

La mayoría de las citas son inéditas y provienen de un taller que Valdivia realizó con Pedro Panes, como se conoce a aquellos niños, para compilarlas en un futuro libro.

Al lado de un vestido de comunión aparece la cita de Miguel (Mike) Bezos, padre del fundador de Amazon, Jeff Bezos, quien llegó como Pedro Pan a Estados Unidos en 1962, con 16 años.

En vitrinas de cristal se muestran documentos originales: visas, certificados de vacunas, billetes de avión y un trámite de cancelación de la cartilla cubana de racionamiento de alimentos.

Entre cuatro paredes se ha instalado una reproducción a escala de la famosa «pecera» del aeropuerto de La Habana donde ocurría el adiós a través de un cristal.

UN PLAN SECRETO COORDINADO ENTRE LA IGLESIA CATÓLICA Y EEUU

El artífice de la Operación Pedro Pan fue monseñor Bryan Walsh, quien se encargó de recibir en Miami a los menores que luego eran trasladados a campamentos, orfanatos o familias adoptivas.

Walsh se dio cuenta de que había muchos casos de menores cubanos llegando a EE.UU. solos buscando un lugar seguro y se puso en contacto con la administración del presidente Dwight Eisenhower, que suministró los recursos para apoyar el programa.

La operación oficialmente concluyó el 23 de octubre de 1962, con la suspensión de todos los vuelos comerciales entre Estados Unidos y Cuba.

Valdivia fue una de los últimas en llegar, de ahí que en el mapa con los nombres de todos y la ubicación en más de 200 ciudades de 45 estados aparezca casi al final.

«Vine a última hora, casi me quedo», dice Valdivia.

Según una publicación reciente del Centro para una Cuba Libre, en la isla la operación fue coordinada por María Leopoldina Grau-Alsina (más conocida como Polita), que había sido primera dama de Cuba durante el Gobierno de Ramón Grau San Martín (1944-1948).

A Polita Grau se aliaron su hermano Ramón y Albertina O’Farrill, que era diplomática. «Pagaron un alto precio por su valiente acción. Fueron encarcelados en 1965 y condenados a 30 años de prisión en 1966 (…) por organizar el éxodo de Peter Pan», recoge el texto.

SIN SABER QUE ERA UNA PEDRO PAN

En el prólogo del libro «Operación Pedro Pan, la historia inédita del éxodo de 14.048 niños cubanos», de la investigadora Yvonne M. Conde, se describe la famosa «pecera»: «la decisión de abandonar la patria parecía haber partido su mundo en dos», escribe esta periodista independiente radicada en Nueva York.

Conde fue enviada sola a los Estados Unidos con 10 años, pero no sabía que formaba parte de un plan secreto.

«Cuando estaba en la escuela de Periodismo, leí el libro ‘Miami’, de Joan Didion, y descubrí que la autora mencionaba que 14.000 niños cubanos habían sido enviados solos a los EE.UU. a principio de los años 60. Ignoraba tal historia, pero yo había sido enviada sola de Cuba. ¿Podría yo ser parte de ese éxodo?», cuenta Conde a Efe.

Como persona «muy curiosa», la cubano-estadounidense emprendió una investigación que luego agrupó en 13 capítulos, entre ellos el que narra la «vida perra» en los orfelinatos y otro que habla de una supuesta pérdida de identidad: «De ‘no hablo inglés’ a ‘I don’t speak Spanish'».

«Pasé innumerables horas en la biblioteca, buscando en los microfilmes. Confeccioné cuestionarios y envié 442, de lo cuales me respondieron 426. Después vinieron las entrevistas», recuerda.

«Muchos no habían hablado antes sobre esa experiencia. Y casi ninguno lo habíamos hablado con nuestros padres. Al reunirnos, miramos hacia el futuro, no al pasado. Más de una vez perdí la objetividad durante las entrevistas y lloramos juntos», confiesa por teléfono.

Al llegar, Conde estuvo separada casi un año de sus padres mientras vivía, en Miami, con amigos y familiares, a diferencia de Valdivia, que fue enviada a un campamento en Florida City.

«MONIGOTES DE LA GUERRA FRÍA»

En el prefacio del libro de Conde, otro Pedro pan, Carlos M.N. Eire, profesor de Historia y Religión de la Universidad de Yale, afirma tajantemente: «todos y cada uno de nosotros no fuimos más que monigotes de la Guerra Fría».

Eire cuestiona «por qué la prensa mundial y la de Estados Unidos le permitieron a Fidel Castro argumentar -hipócritamente- que los niños no deberían ser separados de sus padres».

«Podemos señalarnos a nosotros mismos como prueba irrefutable de que la libertad es algo más que un concepto abstracto», señala el catedrático.

Valdivia, que tardó tres años en reunirse en Miami con sus padres, asegura que «estaba loca por salir de Cuba».

«No estuviera viva porque no me hubiera quedado callada, nada bonito me esperaba en Cuba. Además, mis padres me enviaron porque perdieron la patria potestad. Eso no fue un rumor, es un hecho. Si no puedes decidir sobre la educación de tus hijos, pierdes la patria potestad». afirmó.